Sin el agro, no hay comida, no hay empleo, no hay patria

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Sin el agro, no hay comida, no hay empleo, no hay patria
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La crisis que vive el agro costarricense exige atención urgente. Los datos más recientes son contundentes: el sector agropecuario del país acumula meses de contracción, siendo una caída interanual del 3,9 % en junio de 2025.  El área cultivada, otro indicador clave, ha disminuido notablemente: entre 2021 y 2025, según distintas estimaciones, se redujo entre el 10 % y el 30 % y la contribución del agro al PIB ha caído al 3,3%. En paralelo, en los últimos seis años el sector ha perdido unos 54 000 empleos directos.

Estas tendencias no se producen en el vacío: los pequeños y medianos productores denuncian “abandono institucional”, efectos adversos de la política monetaria, una apreciación del colón que favorece la importación de productos básicos que desplazan la producción nacional, e impactos severos del cambio climático sobre cultivos de ciclo corto.

Ante esta alarmante realidad, resulta significativa la convocatoria realizada por más de sesenta organizaciones agropecuarias bajo el lema «¡El campo costarricense se levanta!». La marcha está programada para el martes 11 de noviembre de 2025, a partir de las 9:00 a.m., saliendo del Parque Central hacia la Casa Presidencial en Zapote.

Desde mi perspectiva, esta movilización tiene pleno sentido. Hoy más que nunca, el agro necesita reclamar un lugar en la agenda pública nacional. Pero también debe ser un espacio donde confluyan demandas claras: una política agropecuaria integral que reconozca la soberanía alimentaria, que brinde apoyo real —financiero, técnico y estructural— a los productores, que promueva la innovación y la diversificación, y que enfrente el desequilibrio entre exportaciones agrícolas concentradas (banano, piña) y producción nacional para el mercado interno. Además, debe replantear el modelo productivo en términos ambientalmente sostenibles y socialmente justos.

La marcha del 11 de noviembre es una señal: los productores y sus organizaciones están dispuestos a hacerse escuchar. Pero el éxito de la movilización dependerá de que esa voz se traduzca en compromisos concretos del Estado. No basta con consignas: se requieren presupuestos adecuados —por ejemplo, el actual presupuesto del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica apenas representa alrededor del 0,49 % del gasto público, pese a la magnitud de la crisis. Asimismo, debe generarse un entorno donde la producción nacional no sea capturada por dinámicas de importación favorecidas por un tipo de cambio que reduce competitividad, como han señalado los gremios.

Así las cosas,  o ponemos al agro en el centro como parte esencial del desarrollo nacional, o seguiremos viendo cómo se deteriora uno de los pilares económicos, sociales y ambientales del país. La marcha del 11 de noviembre no es sólo una protesta: puede ser un hito para abrir un cambio real, si logramos que los reclamos trasciendan el acto simbólico y se traduzcan en políticas sanas no solo para el agro, sino también para el consumidor.

MARCHA DEL DOLOR Y LA DIGNIDAD, ES NUESTRO CLAMOR. NO AL APAGON DEL AGRO       

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