Respeto y educación

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La civilidad es hermana de la democracia. La civilidad fortalece la democracia nunca la debilita. La civilidad nos lleva al respeto mutuo, a las consideraciones personales, a escuchar y ser escuchados.

En democracia los votantes depositan su soberanía para legislar en los diputados electos, por el determinado período constitucional para ello. Los diputados por tanto pueden hacer leyes en representación del pueblo. Orden, trabajo duro, respeto mutuo, concordia y patriotismo son ingredientes deseables y necesarios en el ejercicio democrático. Que las fracciones sean adversarias políticas es lógico y está en su naturaleza serlo.

La Asamblea Legislativa no es una asamblea elitista ni académica. Ella es la imagen de la comunidad que votó por los diputados. Si no nos gustan los diputados electos o no elegimos bien o no nos gusta la comunidad costarricense que hemos construido.

La Asamblea hace las leyes y ejerce control político. El control político es legítimo y es además conveniente. La Asamblea no administra ni co-administra ya que la ley ni la constitución política se lo permiten.

El poder Ejecutivo tiene por fin constitucional administrar los asuntos comunes, así como, atender aquellos otros que le confiere la Asamblea Legislativa a través de las leyes. La constitución separa claramente las funciones de legislar de aquellas propias de la administración del estado.

El vetar las leyes como el resellar éstas son expresiones del funcionamiento del poder :Legislativo y de las facetas propias de la naturaleza del poder Ejecutivo como un co-legislador. Vetar una ley no es antidemocrático como tampoco riñe con la democracia el resellar las leyes por parte de la Asamblea Legislativa.

Para conservar un equilibrio entre quien dicta las leyes y quien administra el estado fue instituido el poder Judicial. La sala Constitucional no es enemiga de la Asamblea Legislativa ni del Poder Ejecutivo es complementaria a estos y evita que actos de la administración o leyes dictadas, que riñen con constitución, leyes o derechos humanos puedan llegar a regir.

Un presidente que no recibió de los votantes el beneplácito del electorado para tener mayoría legislativa debe negociar con la Asamblea, no irrespetarla o tratar de imponerse a la fuerza sobre la misma. No resulta formador de cívica y ni de conciencia democrática que busque descalificarla tampoco.

La institucionalidad siempre se debe de estar fortaleciendo. Desacreditar las instituciones es democráticamente destructivo.

El respeto permanente entre las partes y entre las esferas de autoridad debe darse siempre. El respeto a la constitución en su letra, así como en su espíritu debe de ser un credo democrático claro para los costarricenses. El prolongar disputas no soluciona problemas, los profundiza.