Para Hacer el Bien 15 de julio, 2025
Hoy en para hacer el bien, la vamos a contar la primera parte del primer sorteo de lotería.
Corría la mañana del 7 de junio del año 1885, y San José amanecía con ese aire fresco que traía el invierno a la capital. Las campanas de la Catedral aún repicaban cuando ya el Mercado de Abastos hervía de gente, y no por los chiles, las yucas ni los plátanos… ¡no, señor! Era otro el bullicio ese día.
Las buenas lenguas decían que la fortuna andaba rondando, vestida de papeleta y numerito. ¡Ay, qué revuelo el que se armó con eso del primer sorteo de lotería! No había alma que no anduviera con un billete enrollado en el sombrero o guardado en el pecho.
Y en medio del alboroto, una joven, imagínense ustedes!—, con sus trencitas bien hechas y sus zapatos lustrados como espejo, no sabía que la suerte, ¡sí, la Suerte con mayúscula!, le tenía reservado el número uno. ¡El uno! ¡Qué coincidencia, qué destino más curioso!
Dicen que cuando se anunció el número premiado, hubo quien soltó el canasto de tamales del susto, y otros se santiguaron creyendo que aquello era señal del cielo.
Mañana le presentaremos la segunda parte del relato sobre el primero sorteo de lotería que se realizó en Costa Rica.
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