Los zombies

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La figura del zombi es hoy uno de los íconos más fascinantes de la cultura popular, pero su origen está lejos del cine y mucho más cerca de la historia Y la religión.

Antes de convertirse en protagonistas de películas, series y festivales, los zombis nacieron en el Caribe, específicamente en Haití, vinculados a las creencias del vudú.

En la tradición haitiana, el zombi no era un monstruo devorador de carne, sino una persona a la que se le había arrebatado la voluntad. Según estas creencias, un hechicero podía “revivir” a un individuo para convertirlo en un ser sin conciencia, condenado a obedecer órdenes. Esta idea reflejaba, en el fondo, los traumas de la esclavitud: el miedo a perder la libertad incluso después de la muerte. Para muchas comunidades, el zombi simbolizaba la deshumanización absoluta.

El salto del folclor al imaginario global ocurrió en el siglo XX, cuando Hollywood reinterpretó el concepto. La transformación definitiva llegó en 1968 con la película Night of the Living Dead, dirigida por George Romero, quien rompió con la visión mística y creó al zombi moderno: cadáveres que caminan y se propagan como epidemia y representan miedos sociales como la guerra, el consumismo o el colapso del orden social.

A partir de ahí surgieron múltiples tipos de zombis. Están los zombis “clásicos”, lentos y torpes; los zombis rápidos y agresivos del cine contemporáneo; los zombis infectados por virus; y hasta versiones cómicas o románticas Cada variante refleja las preocupaciones de su época: pandemias, descontrol científico o sociedades desequilibradas por diversas razones.

Esta fascinación ha trascendido la pantalla. En ciudades de todo el mundo se organizan “zombie walks”, carreras temáticas, festivales y recreaciones donde miles de personas se disfrazan de muertos vivientes. Estas actividades mezclan entretenimiento, arte urbano y crítica social, convirtiendo al zombi en un fenómeno cultural participativo.

Al final, el zombi sigue cautivando porque es más que un monstruo: es un espejo de nuestros miedos colectivos. Desde rituales ancestrales hasta eventos masivos, el zombi nos recuerda que incluso lo aterrador puede convertirse en una poderosa forma de expresión cultural.

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