Las jornadas laborales 4×3 ponen en riesgo la calidad de vida de las madres
El Proyecto de Ley 4×3, que propone una jornada laboral de 12 horas por cuatro días, con tres días de descanso, ha sido presentado bajo argumentos de modernización y flexibilización laboral. Sin embargo, representaría una concesión a los intereses empresariales y sería potencial amenaza a los derechos laborales y la calidad de vida de miles de personas trabajadoras, especialmente, de las madres de familia.
El aumento de la carga de trabajo no remunerado y la doble jornada, es una de las principales secuelas hacia las mujeres, ya que esta población destina 32 horas por semana a las tareas de cuidado y del trabajo doméstico no remunerado, mientras los hombres destinan, en promedio, 15 horas semanales, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
En este contexto, la implementación de una jornada laboral de 12 horas, limitaría aún más el tiempo disponible de las mujeres, exacerbando la sobrecarga, afectando su bienestar físico y emocional, y restringiendo su acceso a actividades fundamentales como la educación, el ejercicio físico y la recreación.
Esto no solo profundizaría las desigualdades de género, sino que también, deterioraría de forma significativa las condiciones de vida y la salud mental de las madres, o de aquellas mujeres que tienen a su cargo el cuido de alguna persona.
Además, estas jornadas laborales representarían un obstáculo para la inserción y permanencia laboral de las mujeres que se desempeñan como cuidadoras. En nuestro país, más de un millón quinientas veintiséis mil mujeres son madres; de ellas, un 43,7% asume la jefatura de su hogar y solo el 37,6% cuenta con un empleo remunerado, según el INEC.
Es claro que la implementación de jornadas laborales extensas, podría resultar incompatible con las dinámicas de cuidado que muchas enfrentan. Por eso, en ese dedicado rol de las madres, es necesario que nos detengamos a pensar en cuántas de ellas se verían afectadas por este proyecto de ley, que no atiende las necesidades de la población de las trabajadoras.
Ante esta realidad, es urgente detener políticas que profundizan las desigualdades de género y vulneren los derechos de tantas mujeres, cuyo papel es crucial en nuestra sociedad y economía nacional.
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