La equidad de género ofrece una oportunidad única para reactivar la economía.

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La equidad de género ofrece una oportunidad única para reactivar la economía.
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Empoderar a las mujeres antes del Covid-19 era un imperativo socioeconómico; la crisis sistémica causada por la pandemia y el mayor impacto que está teniendo sobre las condiciones de vida de las mujeres y de sus familias, ha visibilizado más la urgencia de hacerlo.

A pesar de ser la mitad de la población, antes de la pandemia solo el 52% de las mujeres participaba en el mercado laboral. El creciente desempleo, de los últimos meses, ha afectado más a las mujeres. Los sectores más golpeados son aquellos con fuerte participación laboral femenina como servicios, comercio, atención al cliente, hotelería y alimentación. Por otra parte, el 70% del personal de cuidados y atención sanitaria, está compuesto por mujeres, lo que las expone más al contagio.

La crisis está provocando una notable recarga de trabajo sobre las mujeres. En tiempos normales, ya dedicaban semanalmente 22 horas más que los hombres a labores domésticas no remuneradas. Tras el cierre de centros educativos, hoy deben atender a los hijos todo el día, hacer las labores del hogar, además del trabajo remunerado, las que cuentan con la suerte de tenerlo.

Múltiples barreras dificultan el acceso y permanencia femenina en el trabajo, entre las que destaca la brecha salarial. En sectores como servicios y comercio, las mujeres ganan hasta 24.2% menos que los hombres.

Está probado que la equidad entre mujeres y hombres hace a las economías más resilientes, produce más crecimiento económico y progreso social.  Según el FMI, cerrar las brechas de participación laboral entre mujeres y hombres, podría incrementar el Producto Interno Bruto en promedio un 35%. En las empresas, la mayor presencia femenina en cargos de decisión, ha probado tener un retorno de más de 40% sobre la rentabilidad.

La reducción de la pobreza en América Latina en los primeros 14 años de este siglo, se debió en buena parte al aumento de los ingresos de las mujeres por su incorporación al trabajo remunerado, y a que ellas invierten más en alimentos, salud y educación para  los  hijos.

Los hogares jefeados por mujeres solas tienen mayor riesgo de pobreza, por lo que, invertir en ellas reduce la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Hoy más que nunca es imperioso priorizar políticas públicas y prácticas empresariales inclusivas, para ofrecer a las mujeres apoyo, oportunidades y recursos que les permitan incorporarse, permanecer y ascender en la fuerza laboral, en condiciones equitativas con sus pares masculinos.

La crisis le ofrece a Costa Rica una oportunidad de saldar una deuda histórica con las mujeres, a la vez que promovemos crecimiento económico y progreso social.  

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