Fascinación y decepción

Panorama Digital
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Fascinación y decepción
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Saltos suicidas entre rascacielos. Gorilas que levantan pesas. Una anciana triste y solitaria en su cumpleaños 103. Familias enteras supuestamente inexistentes que funcionan como “influencers”. Perros que derrotan a tigres. Autos con patas que caminan entre el tráfico. Un gato que prepara la cena. Todos los videos, con excepción el del gato, suficientemente reales como para sembrar dudas razonables.

Permítame decirle que la desinformación ya no es lo que era. ¿Para qué referir, indicar fuentes, justificar contenidos? De por sí el algoritmo en redes sociales prioriza el contenido que maximice la interacción significativa, y relega las reflexiones largas y tendidas como esta que, me temo, usted está empezando a escuchar.

Y es que, mi estimado amigo, amiga, las imágenes digitales pasan ante los ojos tan rápido y profusamente que ya no basta ver para creer. Nadie niega que esta es una época fabulosa para ver, pero no creo que sea tan buena para creer. Tampoco ayuda mucho remitirse a los comentarios en busca de pedacitos de verdad cuya inferencia tiende al infinito.

Yo era de los que trataba de gestionar la suspensión momentánea de la incredulidad manteniendo un imaginario informado y crítico, que generara corazonadas de calidad.  Intenté desarrollar un sexto sentido libre de lugares comunes. Evitaba noticias de fuentes que no tuviesen nada que perder. Prefería una actitud agnóstica ante cualquier fenómeno audiovisual de este planeta. Limitaba mi capacidad de sugestión. Atendía o creía atender puntualmente los dictados de mi fuero interno, al que muchos llaman instinto, y es de las pocas cosas que la inteligencia artificial no tiene. Me autoimponía todo eso, esperando desarrollar anticuerpos 100% orgánicos contra la próxima publicación, por más verosímil que pareciera.

Hace poco leí en algún rincón de internet lo siguiente, dicho en 1946 por Viktor E. Frank: “La libertad, sin embargo, no es la última palabra. La libertad está en peligro de degenerar en mera arbitrariedad si no se vive en términos de responsabilidad. Por eso recomiendo que la Estatua de la Libertad en la Costa Este sea complementada con una Estatua de la Responsabilidad en la Costa Oeste.” Entonces pensé: si esta es una época fabulosa para ver pero no tanto para creer, debe de ser una época fabulosa para ser libre pero no tanto para ser responsable.

Respetaré a quien insista en que la libertad de uno termina donde empieza la del otro, o que el respeto al derecho ajeno es la paz, pero… ¿será que la única forma de disfrutar de la quinta revolución industrial sea abrazando esta nueva cultura de fascinación y decepción?

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