Encadenados por el miedo, la desconfianza y la desesperanza
La celebración de la independencia de una nación es uno de los actos más trascendentales ya que representa la conquista de la libertad política, social y cultural, constituye la afirmación de la autonomía y la posibilidad de los ciudadanos para decidir su propio destino.
Aunque el 15 de Setiembre es el día de conmemoración, en Costa Rica se dedica todo el mes a la Patria. Sin embargo, en este 2025 esta celebración se tiñe de contradicción y preocupación: los ticos festejamos la libertad en medio de una realidad marcada por el miedo y la inseguridad, presos por el temor, perdimos la libertad de caminar tranquilos por la calle, de enviar a nuestros hijos a la escuela o incluso hasta de abrir un pequeño negocio por el pánico de ser víctimas de la ola de violencia sin precedentes que ataca nuestro país.
Hoy día hablar de independencia y libertad cuando convivimos a diario con la violencia y el miedo resulta completamente contradictorio. Casi a diario las noticias dan cuenta de asesinatos, ajustes de cuentas, amenazas y un aumento del narcotráfico. El crecimiento de la violencia ha causado en los costarricenses un estado de zozobra permanente, que de alguna forma nos arrebata la independencia que tanto festejamos.
La libertad y la paz se desvanecen cuando la violencia domina a la población, que se siente prisionera del terror, cuando el miedo define los horarios en que se sale de la casa, cuando existen comunidades enteras, prácticamente, que viven bajo las normas dictadas por organizaciones criminales. La libertad y la paz se pierden cuando la violencia erosiona la confianza y se convierte en una especie de “poder paralelo” que controla y somete la vida de las personas.
La inseguridad socava además el tejido social y la democracia, debilita la credibilidad y deja al desnudo la fragilidad de un Estado que refleja profundas fallas, de un Estado que evidencia ser incapaz de responder y de dotar los recursos suficientes a la seguridad ciudadana, que la crisis actual exige frente al embate de la violencia originada principalmente la acción de grupos criminales organizados y poderosos, que sí cuentan con dinero, armas y todo tipo de recursos.
Evocar nuestra independencia no debería limitarse solo a los actos cívicos y protocolarios con algunos discursos con mensajes vacíos y gastados. Particularmente este mes de la patria debe ser un llamado urgente a recuperar la paz social, esa que tanto añoramos y que merecemos todos los costarricenses.
La independencia de un país no se mide por las banderas que adornan los edificios públicos, negocios comerciales y casas, también se mide por la capacidad del Estado de garantizar la paz social y la seguridad a sus habitantes.
Hoy Costa Rica como nunca antes pide a gritos rescatar su soberanía, su independencia de las garras de la violencia.
De que nos sirve conmemorar la libertad si vivimos encadenados por el miedo.
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