En bien de una cosecha nacional

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En bien de una cosecha nacional
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Ante esta realidad del  coronavirus; que no respeta naciones de primer mundo, ni estatus sociales, ni privilegiados de grandes fortunas; así como a pueblos del tercer mundo o a personas limitadas para asegurar su subsistencia; debemos analizar nuestros puntos fuertes y así también nuestras debilidades.

Hoy, nuestro pueblo se ha volcado generoso en compartir con quienes carecen, especialmente de alimentos  básicos. La labor del gobierno, ha sido mayormente acertada en tomar medidas para enfrentar la pandemia.  Algo que nos ha enseñado  esta crisis sanitaria, es la importancia de ser más suficientes sobre todo en lo que se refiere a la alimentación. Se nos motiva a que debemos rescatar a nuestros agricultores.  Por años, éstos han clamado; especialmente;  por la competencia desigual, que presentan las grandes compañías internacionales que tienden a abarcar el mercado mundial, lo que beneficia a  importadores.

¿Hasta qué punto es esto acertado?

Estas grandes compañías se pueden enfrentar a enormes calamidades imprevistas.  Algo así como el coronavirus para la salud humana, pero afectando concretamente a sus cultivos; plagas desconocidas, incendios devastadores, fenómenos naturales;  pueden acabar con grandes áreas de cosechas, antes que puedan enfrentarlas  y sumar la posibilidad de afrontar impedimentos para transportar sus cosechas…y el abastecimiento mundial de alimentos podría verse en números rojos.

Estas grandes compañías  pueden contar con seguros sobre sus cosechas pero eso no ayudaría a quienes  serían sus compradores dependientes.  Aparte de que para acrecentar  su producción; en miras de aumentar el mercado; necesitan cada vez más tierra y eso lleva a la desforestación, en perjuicio del sano balance de los bosques, que tan generosamente genera el tan vital oxígeno para humanos y animales. 

Sabemos que también  nuestro país es exportador y  de por medio están los convenios internacionales que se deben cumplir pero es justo y juicioso llegar a un balance prudente,  en lo que se refiere a una mayoritaria dependencia alimentaria que no sea nacional.

Una catástrofe alimentaria no beneficiaría tampoco a los grandes productores internacionales, pues sus clientes serían pueblos empobrecidos, devastados y diezmados por la hambruna.  Rescatar la pobreza es potenciar a una robusta economía.

Esta previsión de protección al productor nacional debería también regular la actividad de algunos intermediarios que sin consideración  abaratan el valor de las cosechas. Es de justicia reconocer los grandes beneficios que aportan otras compañías transnacionales, brindando progreso y trabajo a nuestro  pueblo.  Para ellas un gran agradecimiento, así como,  a tantos intermediarios que con justicia valoran la labor de quienes trabajan la tierra.  

El covid-19 nos enfrenta a la cruda realidad de que con las imprevistas  se puedan hacer presentes pesadillas fantasmales y este es el fantasma de un eventual desabastecimiento de alimentos, sobre todo los básicos en la dieta de nuestro pueblo.

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