El país puede ser mejor

El mundo puede mejorar si cada uno se empeña en ser mejor, y se logra cuando media lucha constante, pero esta fuerza interior no la da ni la paga, ni el Estado.

Debemos pensar y actuar distinto: perseverantemente, en todo, una vez y siempre. Tal disciplina se adquiere en el hogar y también puede adquirirse en la escuela, si así lo pidiera el Ministerio de Educación; sería un servicio obligatorio a la patria, no un servicio optativo, sino dirigido a fortalecer el tejido social del país.

Si en naciones militarizadas se presta el servicio obligatorio, aquí, en nuestro país, debe generalizarse el servicio a la patria. El mundo mejora cuando cada habitante sirve a su nación. Sin embargo, creemos que nacimos buenos costarricenses por habernos criado en la primera democracia latinoamericana y del Caribe.

Nuestra democracia intangible es un regalo de nuestros antepasados. Por tanto, debemos transmitirlo a las nuevas generaciones. Si no cuidamos este tesoro, podemos perderlo y caer en el abismo.

La vida democrática contemporánea puede perecer si no la protegemos y la consolidamos día a día; y se consolida respetándola y queriendo a nuestros hermanos, deseando servirles y haciendo lo posible por sacarlos de la pobreza, proveyéndoles de vivienda y de oportunidades de salud y laborales.

Estemos contentos de haber nacido: nadie sobra. Usted y aquél y el otro, y todos, somos seres creados. Por consiguiente, no secundemos a esos pocos pensadores autosuficientes y jactanciosos, arropados siempre en simples ideologías. Nosotros, mujeres y hombres, gozamos de un destino superior.

A pesar de las dificultades existentes, el país puede ser mejor si cada habitante es mejor día a día.

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