El hambre es una pésima consejera

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El hambre es una pésima consejera
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El imaginable número de desempleados que hay en Costa Rica es un peligrosísimo caldo de cultivo, para que se dispare la violencia en el país. Porque desocupación es sinónimo de hambre. No es la intención de este comentarista caldear los ánimos de la gente, sino hacer un respetuoso pero vehemente llamado a las altas autoridades del gobierno central, para que atiendan sin más retardo la forma de estimular la producción nacional pues no hay otra manera de atacar el flagelo del hambre sino no es fomentando el trabajo para todos.

Por otro lado, se podría decir que el bono proteger, fue como una especie de  apagaincendios pero la magnitud del número de desempleados resultó de inimaginables dimensiones, tanto que estos fondos fueron insuficientes para alcanzar a todos aquellos que perdieron su trabajo o su jornada laboral fue reducida de forma drástica.

Asimismo, quienes perdieron sus ingresos de forma parcial o total, estaban acostumbrados a tener un muy aceptable nivel de bienestar producto de su trabajo, al lograr ingresos muy por encima de los que se pueden lograr con el dinero proveniente del bono proteger.

Prácticamente para muchos el bono proteger hasta podría ser una ofensa pues la inmensa mayoría de estas personas que hoy están subempleadas o desempleadas, no estaban para nada acostumbradas a depender de los programas sociales gubernamentales, para cubrir sus necesidades y las de sus familias. .

Esas personas al ver que en sus mesas ya no hay alimentos, como otrora los había, tres veces al día, perfectamente, se pueden llenar de angustia, temor y de estos sentimientos a la rabia y al odio, hay muy poca distancia y de aquí a la violencia social es un brinco.

Los problemas nacionales agravados con el cierre total y parcial de empresas y un aumento peligroso del desempleo, son anteriores a que hiciera su aparición el coronavirus, que nadie se llame a engaño, ya estas distorsiones negativas estaban presentes en nuestra economía y sus estragos hicieron desaparecieron los ingresos de no pocas familias costarricenses.

La crisis sanitaria no solo ha diezmado los ingresos y el nivel de vida de los costarricenses de a pie, también ha agravado seriamente la ya muy precaria situación que aquejaba a las finanzas pública pues los fondos sanos que sostienen al Estado, provienen del pago de impuestos y tasas que pagan los trabajadores y empresas del sector privado.  

Por lo tanto, el reactivar las actividades comerciales es de suma urgencia no solo para que la gente recupere su perdido nivel de bienestar, sino también para que el Estado no se quede sin dinero para poder operar pues de no lograr una pronta reactivación de las actividades económicas, para así nuevos y suficientes puestos de trabajo suficientes, logren que el índice de desempleo baje significativamente, porque de no ser así el caos social estallaría a la menor chispa.                                               

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