Conmemoración de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica
Señoras y señores diputados
Distinguidos invitados
Señoras y señores:
Al celebrar una vez más la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, lo hago con la emoción que inspira esta tierra noble, fecunda y valiente, pero también con la conciencia de que esta será la cuarta y última ocasión en que, como Presidente del Primer Poder de la República, tendré el privilegio de dirigirme a ustedes.
Hace 201 años Nicoya decidió con sabiduría y valentía su destino. A diferencia de tantas otras uniones impuestas por la fuerza, la anexión fue un acto de libertad y fraternidad.
Ese espíritu fundacional sigue vivo en Guanacaste. Porque no se puede hablar de la construcción de la nación costarricense sin reconocer el papel decisivo de esta provincia y de su gente: su trabajo, su cultura, su identidad, su sentido de pertenencia.
Esta provincia ha sido, es y debe seguir siendo, una pieza clave de nuestro desarrollo nacional.
Pero también debemos hablar con franqueza: hay heridas que siguen abiertas.
El rezago en infraestructura, las brechas educativas, las limitaciones en el acceso al agua, las amenazas del crimen organizado y la falta de oportunidades laborales siguen marcando el día a día de muchas familias guanacastecas.
Son realidades que duelen, que frustran, que siembran incertidumbre en los hogares y erosionan poco a poco la esperanza.
Pero la historia no está escrita en piedra. Las dificultades que hoy atraviesa esta tierra noble no tienen por qué ser su destino. Ni la frustración o el enojo han de convertirse en los cimientos del mañana.
Somos herederos de una tradición que ha sabido levantarse frente a la adversidad, que ha elegido siempre la esperanza por encima del miedo y la dignidad por encima de la resignación. Hoy, como tantas veces antes, nos toca escribir un nuevo capítulo, uno que honre nuestra historia.
Por ello, les invito a que se decidan por promover una agenda de desarrollo realista que le de oportunidades a su gente.
Una agenda a partir del diálogo y la construcción de grandes acuerdos, aunque el camino sea más duro de transitar.
Una agenda que privilegie la generación de empleo, el desarrollo turístico, la atracción de inversiones, la mejora de la infraestructura, el acceso al agua y a fuentes de energía eléctrica asequibles.
Un desarrollo que permita soñar con nuevas formas de potenciar las relaciones económicas entre Guanacaste y el Valle Central, como por ejemplo con un tren que conecte ambas regiones.
Un desarrollo del que todas y todos sean parte y que permita reiterar que Guanacaste es la provincia de la esperanza.
Porque, si hay una tierra con la fuerza y la riqueza necesarias para liderar el progreso nacional, esa tierra es esta.
Como el sabanero que conoce su paisaje, sabe leer el cielo y nunca suelta las riendas de su caballo, así son las y los guanacastecos: con los pies firmes en la tierra, la mirada atenta al horizonte y el corazón dispuesto a avanzar.
Esa misma fortaleza será esencial para los tiempos que se avecinan. Nuestra democracia, construida con esfuerzo y sacrificio sobre sólidos cimientos republicanos, está siendo puesta a prueba.
De forma sistemática, ciertas voces han procurado desacreditar nuestras instituciones, debilitar las reglas que nos han permitido vivir en paz durante décadas y generar caos mediante ataques infundados.
Están creando las condiciones para minar las bases mismas del estado de Derecho costarricense y eso no se puede permitir.
Frente a este panorama, la única respuesta legítima es la unidad nacional. Como señalé recientemente:
«El deber que se nos presenta es claro: anteponer la defensa de la democracia como causa común de todas y todos los costarricenses».
Esa unidad debe manifestarse en acciones firmes y serenas, respaldadas por los principios democráticos que nuestra Constitución y nuestras leyes consagran.
Y debe, sobre todo, trascender ideologías y regiones, convocando a quienes creen en la libertad, la institucionalidad y la convivencia democrática.
Señoras y señores:
La democracia no se sostiene sola. El desarrollo y la creación de oportunidades no se generan en el vacío.
Requieren de la vigencia y del respeto de principios democráticos sólidos. Requieren de una ciudadanía activa, de instituciones fuertes, de crecimiento económico, de justicia social y de esperanza compartida.
Requiere de personas que sí entiendan y abracen en su corazón el sentimiento de paz de nuestro querido poeta Jorge Debravo, el cual reitero una vez más:
“Quiero a mi patria
siempre en la mano.
Mansa y pequeña
como un garbanzo.
Sin rifles negros.
Sin sables blancos.”
Que la paz que invoca Debravo no sea un anhelo lejano, sino una tarea cotidiana. Que la patria, mansa y pequeña como él la soñó, siga viva en todas nuestras manos y en la grandeza de nuestros corazones.
No porque oprima, ni porque hiera, ni porque necesite imponer su fuerza con la intimidación.
Sino porque se hace respetar desde la dignidad con que es defendida, la justicia con que es sostenida, y la esperanza de un pueblo que no se rinde ante la sombra.
Un pueblo que ha aprendido a caminar con la frente en alto… y el alma despierta.
Muchas gracias.
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