Con el derecho a la salud no se juega
No se vale jugar con el dolor de quienes padecen una enfermedad crónica, terminal, o producto de una emergencia inesperada.
Humillar a quienes piden ayuda a través de una autoridad institucional por salvar su vida no solo es inhumano, es cruel. Esta práctica se hace cuando el proceso ordinario de atención en salud no logra dar respuesta efectiva y hay riesgo de morir.
Nadie lo hace por sentirse privilegiado, superior o considerarse ser un tico con corona. Es lamentable cuando este calificativo proviene de la voz de algunos gobernantes y legisladores con autoridad política. Esta expresión se asume como una burla o peor, para enfatizar que si se es pobre, sin recursos o “sin patas”, como decimos popularmente, pues que se aguante porque no será atendido; dado que dicen que la Caja no tiene ni dinero, ni hay especialistas, ni medicinas; aunque sea un asegurado que lleve años cotizando, igualmente le dicen que se “aguante”. Además, hay quien recalca que lo mejor sería quitar ese derecho humano a protestar, aunque sea para salvar su vida.
Sin embargo, gracias a que, los derechos son amparados por ley, muchas personas hoy en día siguen vivas. Emitir un mensaje como queriendo hacer creer que la salud es un capricho, sin derecho alguno, es un gran atrevimiento y sumamente peligroso. La gente por salvar su vida haría lo que sea. Se tira a las calles buscando justicia, perdiendo su individualidad convoca a otros, para crear una sola fuerza de personas en lucha ante la omisión y el irrespeto de algunos gobernantes y legisladores.
Desde el punto de vista de la psicología de las masas, si un líder político intenta convencer a una parte del país de que los derechos a la salud son caprichos, esto en apariencia por castigar a opositores; dada su investidura, genera que algunos de sus seguidores se hagan eco de pero inevitablemente también aflorará la contra parte, esa que repudia el abuso de poder; empezando así una posible confrontación social.
Ese tipo de manifestaciones son evidentemente deshumanizadas, provocan malestar social, miedo, venganza, impotencia, dolor y frustración, generándose así la inconveniente discordia entre la ciudadanía, lo que es sumamente peligroso.
Podemos perder nuestra paz y democracia si se juega con la salud de la gente. Nadie se quedará inerte ante amenazas de abandono gubernamental a las serias enfermedades propias o de sus familiares; en especial niños y adultos mayores. Engaños y burlas provocan la ira en la gente así agredida, burlada y abandonada.
La impotencia, frustración y enojo de grandes grupos humanos después se pueden convertir en armas emocionales, que podrían llevar a acciones impredecibles, llenas de rencor y sed de venganza y revanchismo.
En cambio, un país que cuenta con posibilidades legales y efectivas de dar protección, asistencia oportuna, con clara solidaridad a las personas, logra vivir y superar sus tragedias de manera más objetiva, solidaria, humana y efectiva, a pesar del dolor provocado por las curcunstancias negativas.
Con el derecho a la salud no se juega.
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