Cartas que nunca llegaron: A mi yo del futuro
Hoy quiero escribirte, a vos, mi yo del futuro. No sé cómo serás cuando leas estas palabras. No sé si seguirás buscando respuestas o si, por fin, aprendiste a vivir solo con las preguntas.
Solo quiero que, cuando llegue esta carta, te encuentre en paz. Que hayas aprendido a soltar el orgullo, a no discutir solo por tener la razón, a medir tus palabras cuando el enojo quiera hablar por vos.
Ojalá hayas entendido que la humildad no es debilidad…que pedir perdón no disminuye, sino que engrandece.
Y que el ego, ese compañero tan ruidoso, no alimenta nada más que el vacío y la soledad.
Espero que ya no te duela tanto lo que no fue, ni vivás con miedo a volver a intentar.
Que hayas aprendido a cuidar a las personas desde el principio, sin esperar perderlas para entender cuánto valían.
Deseo, de verdad, que esta Navidad no la pases solo.
Que te rodeen abrazos sinceros, aunque sean pocos.
Que sepas escuchar, y que también te dejes abrazar sin miedo.
Si en el camino cometiste errores —porque seguro los cometerás—,que no te castigues tanto.
Aprender también duele, pero vale la pena.
Y si alguna vez te sentís perdido, recordá que ya estuviste ahí antes… y supiste salir.
Me gustaría que, cuando leas esta carta, sonrías un poco.
Que veás al pasado con ternura, sin reproches.
Que te sientas agradecido por haber llegado hasta aquí.
Y si algo te queda por aprender, que sea esto: que amar sigue siendo el mayor acierto;
que la fe sostiene; y que la vida, incluso con sus tropiezos, sigue siendo un regalo.
Recordá que no estás solo, estás conmigo y que sí, es estar con vos mismo. Eras la persona más importante, nunca lo olvidés.
Seguí aprendiendo, seguí amando y seguí creciendo, siempre podés cambiar las cosas para mejorar.
Y sí, aunque a veces lo dudés, me siento orgulloso de vos porque has llegado hasta aquí. Feliz Navidad.
Dicen que el tiempo todo lo cura. Pero a veces no es el tiempo… somos nosotros los que aprendemos a curarnos. Porque crecer no siempre significa avanzar; a veces significa detenerse, mirar atrás, y entender lo que antes no supimos ver.
Hoy quiero escribirte, a vos, mi yo del futuro. No sé cómo serás cuando leas estas palabras. No sé si seguirás buscando respuestas o si, por fin, aprendiste a vivir solo con las preguntas.
Solo quiero que, cuando llegue esta carta, te encuentre en paz. Que hayas aprendido a soltar el orgullo, a no discutir solo por tener la razón, a medir tus palabras cuando el enojo quiera hablar por vos.
Ojalá hayas entendido que la humildad no es debilidad…que pedir perdón no disminuye, sino que engrandece.
Y que el ego, ese compañero tan ruidoso, no alimenta nada más que el vacío y la soledad.
Espero que ya no te duela tanto lo que no fue, ni vivás con miedo a volver a intentar.
Que hayas aprendido a cuidar a las personas desde el principio, sin esperar perderlas para entender cuánto valían.
Deseo, de verdad, que esta Navidad no la pases solo.
Que te rodeen abrazos sinceros, aunque sean pocos.
Que sepas escuchar, y que también te dejes abrazar sin miedo.
Si en el camino cometiste errores —porque seguro los cometerás—,que no te castigues tanto.
Aprender también duele, pero vale la pena.
Y si alguna vez te sentís perdido, recordá que ya estuviste ahí antes… y supiste salir.
Me gustaría que, cuando leas esta carta, sonrías un poco.
Que veás al pasado con ternura, sin reproches.
Que te sientas agradecido por haber llegado hasta aquí.
Y si algo te queda por aprender, que sea esto: que amar sigue siendo el mayor acierto;
que la fe sostiene; y que la vida, incluso con sus tropiezos, sigue siendo un regalo.
Recordá que no estás solo, estás conmigo y que sí, es estar con vos mismo. Eras la persona más importante, nunca lo olvidés.
Seguí aprendiendo, seguí amando y seguí creciendo, siempre podés cambiar las cosas para mejorar.
Y sí, aunque a veces lo dudés, me siento orgulloso de vos porque has llegado hasta aquí. Feliz Navidad.
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