Bastión de una sociedad envejecida.

Las instituciones de Bienestar Social que acogen personas adultas mayores, son organizaciones sin fines de lucro administradas por Juntas Directivas ad hororem, que cumplen un papel fundamental pero poco valorado en la sociedad. Albergan  a personas sin techo, comida o familia que las amparen. Se financian de fondos públicos de la Junta de Protección Social y el CONAPAM; así como de actividades de recolección como bingos, rifas y/o patrocinios, para de esta manera lograr la contratación de personal de salud, administrativo y de cuido directo.

La mayoría de las personas mayores que viven en estos Hogares Sustitutos, son de edades muy avanzadas con múltiples enfermedades que comprometen su autonomía y calidad de vida; pero gracias a la atención recibida logran llegar al final de sus días rodeados de amor por quienes se han convertido en su familia. Cumplen una misión importante de apoyo a los familiares de los adultos mayores, quienes aunque los aman,  por múltiples razones no les es posible brindar un cuido adecuado y depositan en estas instituciones la confianza para que su familiar reciba los cuidados que merece.

Estas organizaciones llamadas con cariño Hogares de Ancianos, son un baluarte para nuestra sociedad y una responsabilidad para el estado representado por el CONAPAM según la ley 7935.

En la actual emergencia sanitaria los Hogares de Ancianos sin fines de lucro han asumido en forma responsable y valiente el reto de prepararse para prevenir los contagios de las personas mayores que albergan; realizando mejoras en sus instalaciones, comprando insumos de protección personal de nivel hospitalario, capacitando a su personal y apoyando emocionalmente a sus adultos mayores; que algunos sin entenderlo del todo se ven privados de visitas de amigos o familia, de las tertulias acostumbradas y de actividades grupales lúdicas o terapéuticas en libertad.

Estos soldados sin medallas ni aplausos masivos, se armaron de valor y amor cuando el virus pasó la puerta y entró a esa gran casa, y lo enfrentaron con gran responsabilidad cuidando a sus queridos mayores aislados hasta que la tormenta pasó. Vieron partir a algunos; pero la campana sonó alegremente cuando la cuarentena terminó y con paso triunfante, aunque frágiles volvieron a sus dormitorios vencedores de la mano de sus cuidadores.

Una ovación de pie se merece cada uno de ellos por su compromiso y esfuerzo, pero también merecen el apoyo gubernamental y social para financiar tan compleja tarea. El costo de atención de las personas enfermas en aislamiento es cinco veces mayor que el costo ordinario,  y están luchando contra una situación extraordinaria con recursos ordinarios.

No podemos ignorar su aporte a la sociedad, no podemos dejarlos solos, no podemos callar. Los Hogares de Ancianos nos necesitan y la sociedad los necesita a ellos.

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