¿Arruinar la economía para socializar el país?

La empresa privada es de fundamental importancia en nuestro sistema económico. Es la iniciativa individual la que determina y localiza las necesidades y los deseos de los consumidores para satisfacerlos, es la que genera el empleo para poder desarrollar sus funciones en la comunidad, es la que recolecta los impuestos de valor agregado y paga según sea el caso impuestos de renta, impuestos territoriales, patentes municipales y las cargas sociales que son un impuesto a las planillas.

Sin empresa privada el estado y sus instituciones estarían desfinanciadas y habría que desmantelar una gran porción del estado por insuficiencia económica para sostenerlo. La empresa y el estado son caras brillantes y positivas de una misma moneda.

Ante una caída del empleo y de la producción muchas personas han pensado que lo mejor resultaría subir los impuestos para poder seguir costeando los gastos del estado y de las instituciones cuya existencia depende de las cargas sociales sobre las planillas.  Algunas personas de muy buena voluntad también han comenzado a pensar que debería ponerse un impuesto a la riqueza y al patrimonio de empresas y de personas físicas.

Ese impuesto pretendería costear los crecidos gastos del estado y claro ayudar a disminuir el déficit fiscal. Hay en todo esto una pérdida de la perspectiva de que el individuo no está en función del estado, sino este en función del individuo y que lo fundamental de gobernar, está en generar más propietarios, jamás transformarnos todos en más proletarios.

Para mi es claro que más impuestos acabarían con las empresas que sobrevivan a esta pandemia sanitaria y económica, se reduciría mucho más el empleo, acabaría con toda posibilidad de crecimiento económico y de expansión del empleo actual. Un impuesto de esa naturaleza descapitalizaría a las personas y empresas de sus recursos en efectivo impidiéndoles reactivarse.

¡No más impuestos! Eso lleva al país a la necesidad urgente de reducir los gastos del estado, para lograr la reducción de las exigencias fiscales hacia los contribuyentes. Esto también incluye no contraer más deudas, que al final generan gastos por intereses y amortización que deben de ser atendidos con más impuestos y más cargas.

Las reglas del accionar económico deben de ser piedra angular en toda reactivación, ya que nadie en incertidumbre de lo que los gobernantes puedan disponer, va a aumentar sus deudas empresariales, sus aportes accionarios y sus esfuerzos. Nadie en desconfianza deja de «esperar a que se aclaren los nublados del día». Esto es parte de nuestra idiosincrasia .

Hay que volver a un país más sencillo y simple en sus exigencias, hay que retornar a un paradigma más intenso de libertad y de puertas abiertas a quien quiera emprender. En ello nos va la vida del estado y las instituciones y la existencia misma de un régimen de democracia, empresa e iniciativa privada.

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