Antes de decir “usted no puede”, probemos con : “¿Quiere que le enseñe?”
A veces damos por hecho que una persona adulta mayor ya no puede aprender algo nuevo. Entonces hacemos las cosas por ella, sin preguntarle si quiere intentarlo. Le manejamos el teléfono, resolvemos sus trámites o le decimos: “Eso es muy complicado para usted”.
Pero tener muchos años acumulados no significa perder la curiosidad ni las ganas de aprender. Una persona puede descubrir una afición, conocer una herramienta digital o desarrollar una habilidad en distintas etapas de su vida.
Lo importante es acompañar con paciencia, explicar con claridad y respetar su ritmo. También ayuda permitirle practicar y equivocarse, como hacemos todos cuando empezamos.
Antes de decir “usted no puede”, probemos con otra pregunta: “¿Quiere que le enseñe?”. No todas las personas tienen los mismos intereses ni necesitan el mismo apoyo. Por eso, escuchemos primero.
Aprender también permite compartir, ganar confianza y sentirse parte de lo que ocurre alrededor. La edad no debería convertirse en una barrera que nosotros ponemos antes de empezar siquiera.
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