Abrir nuestro corazón a la esperanza

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Abrir nuestro corazón a la esperanza
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Decía Martin Luther King que “la esperanza les regala una invaluable paz a nuestros espíritus”. Este pensamiento no se vuelve más oportuno durante esta época de reflexión que simboliza la Semana Santa, pues es un tiempo en que el valor de la esperanza recobra mayor sentido para poder enfrentar las vicisitudes existentes.

Por eso, precisamente, debemos hacer de estos tiempos tan convulsos e inciertos, un tiempo que nos invite a abrir nuestro corazón a la esperanza, pues ella es la principal virtud que se impone sobre el desánimo y el desaliento que podrían provocar pasadas, y aún presentes, complejas situaciones vividas. Esperanza de que llegaremos a ser mejores ciudadanos, mejores profesionales, hijos, hermanos, compañeros, amigos…; esperanza de que llegaremos a ser mejores humanos.

Ese propósito requiere de una actitud esperanzadora para hacer nacer, en cada uno de nosotros, el fortalecimiento de los valores éticos y espirituales; las ansias de justicia y la renovación de nuestras vidas desde el amor; el respeto, la solidaridad, la tolerancia, la empatía, la fraternidad y el bien común, con el firme propósito de que ese espíritu de esperanza se vuelva una constante en nuestras vidas.

Se impone un auténtico cambio, un acontecimiento personal y espiritual sustentado en la esperanza; solamente así podremos rescatar esa verdadera dimensión de reflexión y búsqueda interna y social que tanto requerimos en nuestra querida Costa Rica en la actualidad y en el mundo.

Innegablemente nosotros podemos hacer, a pesar de estos tiempos tan complejos, que esta año sea venturoso en nuestro país, mediante la real conciencia de que las problemáticas nos dan la oportunidad única de descubrir, en la esperanza, ese cambio positivo tan necesario en nuestra dimensión esencial y humanista.

Para quienes somos cristianos, el recordatorio en cada Semana Santa y siempre, de que Jesús sigue viviendo entre nosotros, y su amor se simboliza: en la sonrisa e inocencia de un niño; en la magia de un amanecer; en el consuelo de un enfermo o un desamparado; en los alimentos de cada día; en el abrazo de una madre o un padre; en los pliegues de sabiduría de los ancianos o en nuestra capacidad de pensar y sentir…En fin, lo que verdaderamente se debe celebrar es que en nuestros corazones se alumbre, por siempre, y con extrema esperanza, la llegada del amor.

Ojalá que esa confianza por un mundo mejor, simbolizado en el gran héroe universal que fue Jesús, nos deje la perseverancia final de confiar firmemente en que la luz que debe iluminarnos, en todo complejo camino, debe ser la del valor de la esperanza.

Para ustedes estimados oyentes de Panorama, les deseo, desde ya, felices pascuas de Resurrección y que la Paz de Jesucristo reine por siempre en sus corazones, sus familias, Costa Rica, y en todos los pueblos.

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