Hablar por teléfono

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Este es un relato de la periodista Natalie Ktena, de BBC Mundo.

Hace poco me llamó una amiga. Sí, me llamó. No me escribió un mensaje de texto, ni me mandó un privado por Instagram, ni me dejó una nota de voz en WhatsApp. Me llamó para hablar conmigo y saber cómo estoy.

Me sorprendió.

Algunos veinteañeros como yo no hemos hecho una llamada telefónica desde al menos 2007 (excepto cuando hablamos con nuestros padres o alguna molesta llamada de rigor con el banco o la universidad).

Antes solía pasar tantas horas hablando con mis amigos que mi mamá tenía que apartar mis dedos del teléfono. Pero ahora mi celular siempre está en silencio, y si recibo una llamada me embriaga una mezcla de temor y sospecha. De hecho, a veces dejo que suene y no contesto.

Es bueno hablar, ¿por qué no lo hacemos más a menudo? Me sentí más feliz y conectada después de esa charla, algo que nunca sentí con un mensaje de texto.

Así que me puse un desafío: no más mensajes de texto, ni WhatsApp, ni privados en Instagram, ni comentarios en Facebook.

Durante siete días, cada vez* que alguien se pusiera en contacto conmigo, contestaría con una llamada. Y no advertiría a la gente sobre mi desintoxicación digital porque eso podría hacerles más propensos a contestarme.

Escuchar las voces de mis amigos y familiares me ayudó a sentirme más cerca de ellos y le dio un impulso a mi vida social.

En cuanto a la ansiedad que solía sentir con las llamadas, me he dado cuenta de que cuando la gente supera la sorpresa inicial, les agrada hablar un rato.

Puede que aún no esté lista para desterrar del todo los mensajes de pero yo diría el hecho de que estar «menos conectada» en las redes sociales me ha hecho sentirme más conectada en la vida real.

FUENTE BBC MUNDO

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