Curiosidad mórbida

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¿Por qué algunas personas pueden pasar varios minutos viendo cómo extraen una espinilla, eliminan un punto negro o sacan una uña encarnada?

La escena puede producirnos asco y, sin embargo, queremos seguir mirando hasta el final. Y La ciencia ha comenzado a estudiar este curioso comportamiento.

Una investigación publicada en la revista Behavioural Brain Research utilizó imágenes de resonancia magnética para estudiar qué ocurre en el cerebro de personas que disfrutan los populares videos de extracción de espinillas.

Los investigadores encontraron diferencias en la actividad y conexión de regiones relacionadas con el procesamiento del placer y la aversión, entre ellas el núcleo accumbens y la ínsula.

En otras palabras, para algunas personas puede existir una particular combinación entre algo que resulta desagradable y, al mismo tiempo, satisfactorio.

Pero hay otro fenómeno relacionado: la llamada curiosidad mórbida. Investigaciones de la Universidad de Ámsterdam han demostrado que las personas, en determinadas circunstancias, eligen voluntariamente observar imágenes desagradables, incluso cuando tienen la posibilidad de evitarlas. ¿Por qué?

Una explicación es que la curiosidad nos impulsa a buscar información, incluso cuando esa información puede resultar incómoda. Y en los videos de espinillas, uñas encarnadas o procedimientos similares aparece además otro elemento muy poderoso: queremos saber cómo termina.

Primero vemos un problema: algo está obstruido, inflamado o fuera de lugar. Luego observamos el procedimiento y finalmente llega la resolución. Todo ocurre, además, desde la seguridad de una pantalla. No sentimos dolor, no percibimos olores y podemos apartar la mirada cuando queramos.

Es una combinación peculiar de asco, curiosidad, expectativa y satisfacción. Por supuesto, no a todo el mundo le gustan estos videos. Para algunas personas resultan sencillamente insoportables.

Pero si alguna vez usted empezó viendo una espinilla y terminó, varios minutos después, mirando cómo extraían una uña encarnada, tranquilo. La ciencia confirma que no es el único que quiso saber cómo terminaba aquello.

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