31 de agosto: Día de la persona negra y la cultura afrocostarricense
Aunque las personas negras fueron traídas primeramente a Costa Rica durante el tráfico esclavo colonial para cumplir labores domésticas, o como trabajadores en la construcción de la línea de ferrocarril que comunicaría a San José con el naciente Puerto Limón, una vez adquirida su emancipación, la inmigración empezó a ser permanente, y lo suficientemente valiosa, como para que ellas dejaran las huellas de su sangre, su trabajo y costumbres en la identidad costarricense.
De ahí que, sin duda alguna, la comunidad afrocostarricense ha enriquecido, muchísimo, el heterogéneo panorama cultural de nuestra tierra. Sus típicas viviendas de madera sobre postes; sus característicos cánticos colmados de religiosidad; su ritmo palpitando en la sangre; sus costumbres rebosantes de tradición y prácticas rituales. Su vestimenta desbordante de color y belleza; su lenguaje ejemplo vivo de unidad étnica y cultural; su maravillosa gastronomía; sus emblemáticos espacios geográficos y su destacada contribución política, deportiva y literaria, han sido los artífices para que esta población pueda llegar a sentirse, con absoluto derecho, orgullosa del positivo aporte desplegado en el devenir histórico costarricense. Un orgullo que debería ser conocido, disfrutado y difundido por todos los que habitamos esta Nación.
Ante esta consigna, cada 31 de agosto es una excelente oportunidad para otorgar un reconocimiento, y una muestra de gratitud, a la cultura afrocostarricense, por todo ese aporte que le ha otorgado a Costa Rica. Además, esta fecha representa un significativo recordatorio de la necesidad de ser, día tras día, más tolerantes ante la diversidad cultural que nos caracteriza, mediante una lucha abierta y urgente contra las exclusiones y los prejuicios étnicos que, lamentablemente, todavía hoy persisten, pues solamente en una sociedad democrática basada en la participación y en la búsqueda de niveles cada vez altos de igualdad en la valoración de las diferencias, se puede esperar una liberación contra las discriminaciones.
Recordemos que cuánto más variado sea nuestro contexto social, mayor será nuestra diversidad; tendremos la posibilidad de ampliar nuestros conocimientos y criterios al enriquecer nuestra mentalidad; también podemos aprender de la sabiduría de otras culturas y aumentar nuestra libertad al no tener que someternos a roles estrechos acordes con estereotipos o prejuicios.
De ahí que comprender, valorar y sentirnos orgullosos de estas raíces y huellas afrocostarricenses es, también, reconocer e incrementar la riqueza de nuestra identidad. Sea este comentario un homenaje para nuestras hermanas y nuestros hermanos afrocostarricenses; un tributo a esa valiosa cultura, que, gracias a su entereza, trabajo, legado, esencia e identidad, ha logrado darle más vida, riqueza espiritual y alma a la idiosincrasia costarricense, al revalorizar y enaltecer, de una positiva manera, las raíces histórico-culturales de nuestro pueblo.
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