Sin recursos, los diablos andarán sueltos

Panorama Digital
Panorama Digital
Sin recursos, los diablos andarán sueltos
Cargando
/

La captura de uno de los delincuentes más buscados del país, debió convertirse en una oportunidad para reconocer el trabajo del Organismo de Investigación Judicial, del Ministerio Público y del Poder Judicial. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Apenas se produjo el operativo, reaparecieron con más fuerza los ataques contra esas mismas instituciones.

La secuencia de los hechos deja una pregunta inevitable. ¿Por qué una captura de esa magnitud terminó acompañada de una nueva ofensiva contra quienes la hicieron posible?

Mientras el país reconocía el éxito de una investigación compleja, desde el Poder Ejecutivo volvieron los gritos, las descalificaciones y los cuestionamientos. La Presidenta elevó nuevamente el tono de sus críticas y, detrás de ella, volvió a escucharse con fuerza la voz de quien muchos consideran el verdadero conductor político del Gobierno.

La coincidencia resulta, por lo menos, llamativa.

La captura demuestra precisamente lo que durante años se ha sostenido. El Poder Judicial, el Ministerio Público y el OIJ producen resultados cuando cuentan con funcionarios preparados, independencia y recursos suficientes. Los éxitos no aparecen por casualidad. Son el resultado de años de formación, inteligencia, coordinación y trabajo técnico.

Sin embargo, la contradicción es evidente. Se exige una lucha frontal contra el crimen organizado mientras se reducen recursos, se desacredita públicamente a jueces y fiscales y se debilita la confianza ciudadana en las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley.

Quienes debilitan a las instituciones responsables de perseguir el crimen organizado terminan debilitando la capacidad del Estado para proteger a los ciudadanos. Esa no es una opinión. Es una consecuencia.

Combatir al crimen organizado requiere fiscales especializados, jueces independientes, investigadores capacitados, laboratorios forenses, tecnología, inteligencia, protección de testigos y cooperación internacional. Requiere miles de horas de trabajo de personas que rara vez aparecen frente a una cámara.

Todo eso cuesta dinero.

La seguridad no se construye con discursos. Se construye con presupuesto, planificación, independencia institucional y respeto por quienes tienen la responsabilidad constitucional de investigar, acusar y juzgar.

Resulta incoherente celebrar la captura de un delincuente y, al mismo tiempo, impulsar el debilitamiento de las instituciones que hicieron posible esa captura. Cada colón que se le niega al Poder Judicial, al Ministerio Público o al OIJ reduce su capacidad operativa y fortalece a las organizaciones criminales.

La delincuencia organizada no le teme a los discursos. Le teme a instituciones fuertes.

El Poder Judicial necesita reformas. Nadie sensato sostiene lo contrario. Debe modernizar procedimientos, reducir atrasos, fortalecer los mecanismos de control y mejorar la atención al ciudadano. Esa discusión es legítima y necesaria. Pero una reforma busca corregir y fortalecer. Nunca destruir.

El debilitamiento presupuestario, la descalificación permanente, el desprestigio sistemático y el ataque constante contra la independencia judicial no constituyen una reforma. Constituyen un riesgo para el Estado de Derecho.

Defender al Poder Judicial no significa afirmar que sea perfecto. Significa comprender que la democracia depende de que exista un poder capaz de controlar a los demás poderes del Estado sin presiones políticas ni económicas. Cuando esa independencia se debilita, los primeros perjudicados no son los jueces. Son los ciudadanos.

El país debe escoger qué quiere fortalecer.

Si fortalece al Poder Judicial, al Ministerio Público y al OIJ, aumentarán las investigaciones, las capturas y las condenas.

Si los debilita, aumentará la impunidad.

Porque la delincuencia organizada aprovecha cada espacio que el Estado abandona.

La conclusión es tan sencilla como preocupante.

Sin recursos habrá menos investigaciones.

Sin recursos habrá menos capturas.

Sin recursos habrá más impunidad.

Y sin recursos, los diablos seguirán andando sueltos y haciendo diabluras.

Los comentarios están cerrados.