Costa Rica necesita que volvamos a vencer juntos

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Costa Rica necesita que volvamos a vencer juntos
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¿Cuándo dejamos de vernos como compatriotas y empezamos a tratarnos como enemigos?

Esa pregunta me ha acompañado durante los últimos meses. Porque mientras nosotros discutimos quién tiene la razón, Costa Rica sigue esperando respuestas.

Espera la madre que vive con miedo porque sus hijos salen de casa y no sabe si regresarán seguros. Espera el agricultor que lucha contra la incertidumbre. Espera el emprendedor que apuesta por generar empleo. Espera la persona adulta mayor que merece vivir con tranquilidad.

Y esperan, sobre todo, nuestras niñeces, adolescencias y juventudes, que nos observan todos los días para aprender cómo se construye un país.

Hoy pareciera que la confrontación se ha vuelto una costumbre. Que el desacuerdo se convirtió en enemistad y que quien piensa diferente dejó de ser un compatriota para convertirse en un adversario.

Pero quiero recordar una verdad que no puede perderse. En el Poder Ejecutivo hay mujeres y hombres que aman profundamente a Costa Rica, también los hay en la Asamblea Legislativa. también en el Poder Judicial, También en la Contraloría General de la República, también en la Defensoría de los Habitantes. Y también en cada institución de nuestra República.

No todos piensan igual. Nunca lo harán. Y esa es precisamente la esencia de la democracia. Porque una democracia fuerte no es aquella donde todos coinciden. Es aquella donde las diferencias se convierten en acuerdos y donde el respeto es más grande que el enojo.

La verdadera lucha nunca ha sido entre costarricenses. Nuestra lucha es contra la delincuencia que amenaza nuestros barrios, contra el narcotráfico que quiere arrebatarles el futuro a nuestras juventudes, contra la pobreza que limita oportunidades, contra la corrupción que traiciona la confianza del pueblo, contra el desperdicio de los recursos públicos, contra todo aquello que impide que una familia viva con dignidad.

Esos son nuestros verdaderos adversarios. Y mientras nosotros nos enfrentamos entre nosotros, ellos avanzan.

Nuestras personas jóvenes merecen ver algo distinto; merecen ver líderes y lideresas que sepan debatir sin destruir.

Que sepan defender sus ideas sin descalificar a las personas. Que comprendan que el respeto nunca será una señal de debilidad, sino la mayor fortaleza de una democracia.

Por eso hoy quiero hacer un llamado, no desde la política, sino desde el corazón de un costarricense; bajemos las lanzas, guardemos los escudos, volvamos a estrecharnos las manos con la confianza de que, como usted y como yo, cuando nos damos ese apretón de manos y nos vemos a los ojos, estamos seguros que por Costa Rica, hemos acordado lo mejor. No para dejar de pensar diferente, sino para recordar que ningún costarricense que ame esta tierra bendita, debería ser tratado como enemigo.

Que nuestras voces sirvan para construir, que nuestras diferencias sirvan para encontrar mejores soluciones y que nuestras instituciones, cada una desde su responsabilidad, sigan siendo el reflejo de una democracia que ha sabido superar enormes desafíos.

Porque al final del día, cuando se apagan los micrófonos, terminan las sesiones, concluyen los juicios y se cierran las puertas de las instituciones…

Todos volvemos a casa bajo una misma bandera, todos compartimos un mismo sueño. Y todos tenemos el mismo deber, dejarles un mejor país a quienes vienen detrás.

¡Costa Rica no necesita que unos venzan a otros! ¡Costa Rica necesita que todos volvamos a vencer juntos!

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