Volver al libro: educar con equilibrio en tiempos digitales

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Volver al libro: educar con equilibrio en tiempos digitales
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Entre pantallas y páginas, el desafío no es elegir, sino formar mejor.

En los últimos días, ha llamado la atención una decisión tomada por Suecia: invertir recursos significativos para reintroducir los libros impresos en las aulas y reducir el uso excesivo de pantallas. No se trata de un retroceso, ni de un rechazo a la tecnología. Es, más bien, una pausa consciente para reflexionar sobre cómo estamos educando a nuestras nuevas generaciones. En un mundo donde lo digital avanza a pasos acelerados, surge una pregunta fundamental: ¿estamos formando estudiantes con mayor conocimiento, o con menor capacidad de comprensión?

Durante años, muchos sistemas educativos en el mundo, apostaron por la digitalización como sinónimo de modernidad. Tablet, plataformas virtuales y contenidos interactivos llegaron a las aulas con la promesa de mejorar el aprendizaje. Sin embargo, la experiencia ha comenzado a mostrar matices. Diversos estudios han señalado que el uso excesivo de pantallas puede afectar la concentración, la comprensión lectora y la capacidad de retener información. No es un problema de la tecnología en sí, sino de su uso desmedido y, en muchos casos, poco orientado.

El libro impreso, por su parte, ofrece una experiencia distinta. Invita a la pausa, a la concentración, al diálogo interior. Permite una lectura lineal, sin interrupciones constantes, favoreciendo una comprensión más profunda. No compite con notificaciones, ni distrae con múltiples estímulos. Es un espacio de encuentro entre el lector y el pensamiento

Pero no se trata de sustituir una cosa por otra. La verdadera enseñanza que podemos extraer es la necesidad de equilibrio. La tecnología bien utilizada es una herramienta poderosa para investigar, comunicar y ampliar horizontes. El libro, en cambio, sigue siendo una base sólida para el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo. Juntos, pueden construir un modelo educativo más completo.

En Costa Rica, este debate también es pertinente. Nuestros desafíos en comprensión lectora, atención y rendimiento educativo nos invitan a revisar prácticas, a cuestionar enfoques y a buscar soluciones que respondan a nuestra realidad. No se trata de copiar modelos externos, sino de aprender de ellos y adaptarlos con inteligencia, tomando en cuenta nuestras comunidades, nuestras escuelas y nuestras familias.

La decisión de Suecia nos deja una lección valiosa: educar no es seguir tendencias, es formar personas. Y para ello, necesitamos herramientas que desarrollen no solo habilidades técnicas, sino también capacidades humanas profundas. Volver al libro no es retroceder; es recuperar un equilibrio que quizás nunca debimos perder.

Hoy más que nunca, hagamos una reflexión conjunta como sociedad. Docentes, familias, instituciones y comunidades estamos llamados a revisar cómo estamos acompañando el proceso educativo de nuestras niñas, niños y jóvenes. Promovamos espacios de lectura, fomentemos el uso consciente de la tecnología y apostemos por una educación que no solo informe, sino que forme. Porque al final, lo que cultivemos hoy en las aulas, será lo que cosecharemos mañana como país.

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