Entre la nostalgia y la esperanza
Definitivamente para quienes somos amantes de los libros, y concebimos la lectura como un idóneo camino para realizarnos como mejores humanos, el cierre de la Librería Lehmann no deja de cubrirnos con un halo de nostalgia por haber sido, durante 130 años, un centro de promoción literario-cultural de significativa importancia.
Ahora bien, tampoco es innegable que los tiempos cambian, y que en esta época de extrema supremacía de la tecnología, las librerías se han visto en la necesidad de remozar sus estrategias de permanencia y de atraer al público, o, definitivamente, poner un fin a su trayectoria.
De ahí que el, cierre de la Librería Lehmann, más allá de sumirnos es un estado de melancolía, y a manera de honrar esa misión de tantos años a favor del fomento literario que llevó a cabo, este hecho se puede convertir en un especial pretexto, en un interesante reto, para que, desde diferentes trincheras, sigamos apostando por la permanencia de los libros como un instrumento fundamental para el desarrollo cultural, social y, ante todo, espiritual de los pueblos.
Por lo cual, quienes amamos los libros, los escritores, gestores culturales, editoriales, centros educativos, las instituciones gubernamentales de educación y cultura, deben seguir apostando por la permanencia y promoción de las librerías, ya sean virtuales o presenciales, porque los libros, sin lugar a dudas, más allá de los impactos tecnológicos, siguen siendo el medio mediante el cual podemos aportar ideas y sentimientos más libremente; nos permite conectarnos con nuestra parte intelectual y creativa; nos facilita proponer el análisis o el debate sobre diversos temas y nos permite vivir, sentir y soñar plenamente.
Y en esto, además, tienen especial preponderancia quienes son especialistas en Bibliotecología, porque los bibliotecólogos deben estar dispuestos a enfrentar nuevos progresos y desafíos, abiertos a constantes innovaciones y a nuevas culturas de aprendizaje con el fin de resguardar, y dar a conocer con mayor vehemencia, ese templo literario que representan las bibliotecas.
Recordemos que nuestras bibliotecas son las instituciones sociales encargadas de favorecer el acceso universal a la educación en condiciones de inclusión y equidad social, y, por tanto, una parte importante de la infraestructura informativa del país. Por ello, las bibliotecas deben seguir siendo responsables de la enseñanza de la lectura a sus diversos usuarios; centros dinámicos de desarrollo; motores de aprendizaje; protectoras y difusoras del acervo literario.
Muchas gracias a la Librería Lehmann por ese acervo literario que nos brindó por tantos años; que no se perderá mientras sigamos activando nuestra conciencia crítica acerca de la necesidad de proteger y crear más librerías y de fortalecer las bibliotecas, por ser caminos idóneos para el conocimiento y estar estrechamente relacionados con el desarrollo material, social y espiritual de la cultura.
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