Sobre la apertura del mercado eléctrico
Con la creación del ICE el país experimentó avances significativos en infraestructura, calidad y continuidad de los servicios eléctricos, incluyendo precios competitivos y recursos renovables. Esto le permitió a Costa Rica una reputación internacional basada en la estabilidad de su sistema eléctrico, su alta cobertura y su matriz renovable. Modernizar el sector eléctrico es legítimo y es necesario, pero cualquier transformación debe considerar los efectos económicos inmediatos, sus implicaciones sobre la seguridad energética, la estabilidad operativa y la posición estratégica del país. El hecho de que hoy día se analicen otras opciones con participación del sector privado es también importante para que se garantice una mayor cobertura eléctrica. Por ello, el gobierno tiene que generar espacios para que todos los sectores puedan participar en este proceso.
El país tiene que prepararse para asumir los retos del sector eléctrico. De la misma forma que lo hizo en el pasado con el surgimiento del ICE lo debe hacer también en este momento histórico, pensando en la importancia económica y social que tiene el abordaje sobre el mejoramiento del sistema y del servicio eléctrico, ya sea que lo brinde el sector público, el privado o las cooperativas.
El servicio tiene que ser garantizado en todo el país y esto significa solo una cosa: los servicios de electricidad que brinden las empresas deben ser continuos, de buena calidad y a precios justos y competitivos. Como cualquier otro tema, la apertura del mercado eléctrico tendrá apoyos y detractores, por eso Costa Rica merece un debate serio, integral, visionario y objetivo, donde todas las voces sean escuchadas, porque así funciona la democracia.
El país debe analizar seriamente si solamente con el ICE podrá afrontar los grandes desafíos sobre el sistema eléctrico, considerando los costos que implica su financiamiento. O si es necesario evolucionar para que a la par del ICE el país pueda establecer un mercado competitivo que permita a entes privados contribuir con la inversión necesaria para asegurar el crecimiento requerido, así como la migración más acelerada a los cambios tecnológicos que Costa Rica necesita. En todo caso, debe quedar claro que no son temas que se resuelven a la ligera.
El papel que tendría el sector privado en el proceso de toma de decisiones, hasta ahora en manos del ICE, así como lo relacionado con los precios, con la generación competitiva y con la inversión del sector privado en el sistema eléctrico nacional pasa también por el tema del monopolio estatal, y esto no es sencillo. Pero si realmente se desea un mejor servicio, mayor inversión y desarrollo económico y social, el país no debe tenerle miedo al diálogo ni a la negociación. Pero tampoco debe olvidar que la electricidad es un tema socialmente estratégico y que el Estado – por razones obvias – es el responsable de resguardarlo.
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