Investigadores de la UNED desarrollan propuesta que busca transformar desechos orgánicos
Costa Rica enfrenta un enorme desafío ambiental. Cada uno de nosotros genera más de 400 kilogramos de residuos al año y, según datos del Ministerio de Salud, el país produce más de 1,6 millones de toneladas de residuos ordinarios anualmente. A esto se suma la saturación de los principales rellenos sanitarios del Gran Área Metropolitana, como La Uruca y Aserrí, que se acercan rápidamente a su límite de capacidad.
Ante este panorama, investigadores de la Universidad Estatal a Distancia desarrollan una propuesta innovadora que busca transformar parte de esos desechos orgánicos en recursos útiles mediante el uso de hongos.
El proyecto es impulsado por el Laboratorio de Investigación en Ciencias Experimentales de la UNED, y trabaja con un proceso llamado fermentación en estado sólido. En términos sencillos, los hongos se alimentan de residuos orgánicos agroindustriales y ayudan a degradarlos para convertirlos en productos
Escuchemos a Nancy Salazar Araya, investigadora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Experimentales de la UNED
Según nos explicaron la investigación utiliza hongos de géneros como Pleurotus, Trichoderma y Ganoderma. Gracias a ellos, los residuos pueden convertirse en tres grandes tipos de productos: setas comestibles para consumo humano, bioinsumos agrícolas que mejoran los suelos y protegen cultivos, y biomateriales biodegradables que incluso podrían sustituir algunos plásticos de un solo uso.
El coordinador del proyecto, Ronald Sánchez Brenes, explicó que el objetivo es conectar la basura orgánica con procesos biotecnológicos que permitan darle valor agregado a materiales que normalmente terminarían en un relleno sanitario. Además, la iniciativa ya trabaja con residuos reales recolectados de manera clasificada en comunidades como Pérez Zeledón.
Más allá de la investigación científica, esta propuesta también plantea una reflexión importante: muchos de los residuos que generamos diariamente podrían convertirse en oportunidades para producir alimentos, fortalecer la agricultura y reducir la contaminación.
En momentos donde el país discute cómo enfrentar la crisis de los desechos, proyectos como este muestran que la ciencia y la innovación también pueden abrir caminos hacia una Costa Rica más sostenible.
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