Oportunidad de renacer interior

Panorama Digital
Panorama Digital
Oportunidad de renacer interior
Cargando
/

Ayer 18 de febrero, los fieles católicos celebramos el Miércoles de Ceniza, e iniciamos el tiempo santo de la Cuaresma. Son cuarenta días que la Iglesia nos regala como un verdadero itinerario espiritual, un momento de gracia, una oportunidad concreta para volver a lo esencial.

La ceniza nos recordó que somos frágiles, que la vida es pasajera. Cuando la recibimos y escuchamos: “Conviértete y cree en el Evangelio”, se nos invita a detenernos, revisar la dirección de nuestra vida, reconocer nuestras incoherencias y retomar el camino.  Convertirse significa reorientar el corazón, recuperar el sentido, ordenar la vida desde lo que verdaderamente vale: la fe, la familia, la honestidad, el respeto, la solidaridad; es volver a poner a Dios en el centro.

Ese tiempo nos propone tres caminos claros y exigentes: oración, ayuno y caridad.

La oración es abrir un espacio real para Dios. Nos enseña a callar por dentro para que Él pueda hablar. Sin oración, la fe se vuelve superficial; con oración, la vida adquiere profundidad y serenidad. Orar es reencontrarnos con Aquel que da sentido y fuerza.

El ayuno nos enseña dominio propio. Es una escuela de libertad. Nos recuerda que no somos esclavos de nuestros impulsos. Nos ayuda a comprender que no todo deseo debe satisfacerse de inmediato. Nos educa en la sobriedad y nos hace más libres. Una persona que aprende a renunciar, aprende a amar mejor.

La caridad es el fruto visible de una Cuaresma auténtica. No hay verdadera conversión si seguimos indiferentes ante el sufrimiento de los demás. Caridad es compartir, pero también es escuchar, acompañar, reconciliarse, pedir perdón, ofrecer perdón. Es mirar al otro con respeto y compasión.

Este tiempo santo es también una oportunidad para reconciliarnos. Reconciliarnos con nosotros mismos, aceptando nuestras fragilidades y confiando en la misericordia de Dios. Reconciliarnos con quienes hemos herido. Reconciliarnos con Dios, mediante el sacramento de la confesión.

Nuestra sociedad necesita personas con corazón renovado. Necesita hombres y mujeres capaces de perdonar, de dialogar, de actuar con rectitud. El cambio que tanto anhelamos en el mundo comienza en el corazón de cada persona. No podemos esperar una sociedad más justa si no estamos dispuestos a vivir con mayor rectitud. No podemos exigir coherencia a los demás si no la cultivamos primero en nosotros.

El Señor nos conceda un corazón humilde, sincero y dispuesto. Que esta Cuaresma sea para cada uno un verdadero renacer interior que transforme nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar.

Los comentarios están cerrados.