La niña y la mujer en la ciencia

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En Costa Rica, la presencia de las mujeres en la ciencia no es un gesto simbólico: es una palanca de calidad, ética y acceso a la justicia. Desde las pioneras que abrieron la puerta universitaria hasta las especialistas que hoy sostienen laboratorios acreditados, el país ha comprobado que la diversidad mejora la investigación y fortalece la confianza ciudadana en la evidencia científica. La historia lo confirma. Cuando Felícitas “Lita” Chaverri Matamoros se graduó en 1917 como la primera mujer profesional del país como farmacéutica, desarmó el estereotipo de que la ciencia “no era para mujeres” y dejó una huella institucional en el campo de los medicamentos y la salud pública. Ese hilo pionero continúa hoy con referentes que niñas y jóvenes pueden nombrar y seguir.

Una de ellas es Sandra Cauffman, ingeniera costarricense cuya trayectoria en la NASA la ha convertido en símbolo de perseverancia y excelencia técnica; en 2025 anunció su retiro tras 35 años de carrera, dejando un legado que inspira vocaciones STEM en toda la región. Asimismo, en 2024, el país volvió a poner foco en sus referentes científicas: la Academia Nacional de Ciencias y universidades resaltaron trayectorias como las de Sindy Chaves Noguera, primera mujer en recibir el Premio Nacional Clodomiro Picado en Tecnología y Adriana Troyo Rodríguez investigadora líder en enfermedades tropicales, subrayando la importancia de contar con modelos visibles.

En el ecosistema forense, la contribución femenina es estratégica. El Departamento de Ciencias Forenses del OIJ, opera con laboratorios y secciones especializadas —de Genética, Balística, Toxicología, Documentoscopía, Ingeniería Forense, entre otras— y ha alcanzado estándares de calidad internacional (ISO 17025/17020 y adopción de guías OSAC), algo inusual en la región

La dimensión humana también cuenta. El OIJ reconoce la huella de mujeres que literalmente abrieron brecha en la investigación, como Nelcy María Chaves Mora, primera mujer investigadora de la institución en los años setenta, referente de perseverancia en tiempos de mayor resistencia cultural. Esa presencia femenina en campo y laboratorio ha sido clave para mejorar el abordaje de delitos y elevar estándares de entrevista, cadena de custodia y dictamen pericial, contribuyendo a una justicia más humana y eficaz. En paralelo, la Medicina Legal costarricense se profesionalizó con visión institucional y hoy despliega especialidades como patología, psiquiatría y odontología forense, integradas con el trabajo del laboratorio científico.

Este panorama, sin embargo, exige compromisos. Persisten brechas de liderazgo y visibilidad; por eso importan iniciativas públicas y académicas, el próximo 11 de febrero, se celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, este día se acercan mentoras a escuelas y liceos, y muestran que detrás de cada protocolo exitoso, hay mujeres liderando proyectos, publicaciones, acreditaciones y equipos.

En síntesis: en la Costa Rica de hoy, más mujeres en la ciencia significa mejor ciencia, mejor justicia. Honrar a nuestras pioneras y consolidar a nuestras lideresas actuales no es solo un acto de memoria: es una apuesta por la verdad, la calidad pericial y la confianza pública que el país merece.

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