Viktor Frankl
Viktor Frankl fue un neurólogo y psiquiatra austríaco cuya vida cambió para siempre durante la Segunda Guerra Mundial.
En 1942 Viktor fue deportado junto a su familia a los campos de concentración nazis, incluido Auschwitz. En pocos meses perdió a sus padres, a su hermano y a su esposa. Todo lo que había construido como médico, investigador y ser humano desapareció. Sin embargo, en medio del horror absoluto, Frankl encontró una idea que terminaría transformando la psicología moderna.
Durante su tiempo en los campos, Frankl observó algo que lo marcó profundamente. Notó que las personas que lograban aferrarse a un propósito —una meta, un ser querido, un sueño o una tarea pendiente— tenían mayores probabilidades de resistir el sufrimiento extremo. Mientras algunos perdían toda esperanza, otros encontraban razones para seguir viviendo incluso en las condiciones más deshumanizantes imaginables.
De esa experiencia surgió la base de su teoría: “la logoterapia”, una corriente psicológica centrada en la búsqueda de sentido como motor fundamental de la vida.
Para Frankl, el ser humano puede perderlo todo, excepto una última libertad: la de elegir su actitud ante las circunstancias. Su pensamiento quedó resumido en una frase que se volvió universal: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”
Tras la liberación en 1945, Viktor Frankl regresó a Viena y escribió en apenas nueve días su obra más conocida: “El hombre en busca de sentido”. El libro combinó su testimonio personal con su propuesta terapéutica, convirtiéndose en uno de los textos más influyentes del siglo 20 y en una fuente de inspiración para millones de personas alrededor del mundo.
La historia de Viktor Frankl nos recuerda que incluso en los momentos más oscuros, la vida conserva un significado posible. Encontrarlo puede no eliminar el dolor, pero sí darle un propósito que permita seguir adelante.
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