No puede haber un reino dividido

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No puede haber un reino dividido
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Sembrar para recoger y, quien siembra vientos, recoge tempestades. En sus épocas universitarias e inclusive ya siendo asesor parlamentario, el discurso incendiario de Carlos Alvarado Quesada ha regresado a morderle y hoy es contra él que se profieren estos discursos. Sin embargo, nada se gana insultando a quien en su momento insultó, ni nada se gana destruyendo a quien en su momento atacó en su blog a la clase política tradicional, porque Costa Rica es una y, hoy, no se trata de Carlos Alvarado sino de la Presidencia de la República.

Un país no se saca adelante con insultos proferidos contra la clase política o sembrando división, la discordia y odio, sino con responsabilidad y compromiso, con la verdad, como efectivamente lo llevan a cabo la mayoría de los medios de comunicación en este país.

Respetar la envestidura Presidencial no es apoyar a Carlos Alvarado como persona, sino el respaldar la institucionalidad del país.

La lección de haber elegido a personas que todavía no estaban listas para gobernar tiene que dejarnos una inolvidable enseñanza, que no es con guitarras, “selfies” con la lengua afuera o respondiendo con el hígado, como se deben elegir los gobernantes.

La política, no la politiquería, bien ejercida, es un arte y una ciencia, que requiere de las mejores mentes, las más preparadas, las más éticas y las más prácticas, para sacar adelante a un país. No es con discursos incendiarios con adjetivos calificativos de “fascistas, siempre los mismos, todos corruptos”, tantas veces proferidos, en el pasado, por quienes hoy nos gobiernan.

La irresponsabilidad y las ínfulas por tener el poder, llevaron a estas personas a insultar, a destruir la credibilidad en todos quienes gobernaban y hasta la institucionalidad; así llegaron ellos al poder, demostrando ser iguales o peores que a quienes tanto criticaron. Sin embargo, nada se gana generando caos y discordia, porque eso solo sirve para que los inescrupulosos se beneficien políticamente.

 Quien quiera llegar al poder, debe llegar con propuestas claras y serias, con soluciones reales para el país, no con discursos de odio, como los que muchos dirigentes y partidarios del Partido Acción Ciudadana promovieron por tanto tiempo y que hoy le cuestan caro, porque ahora otros, que aprendieron de ellos, les aplican esas mismas artimañas en su contra.

La ciudadanía responsable debe parar, respirar profundo, analizar con objetividad y reconocer la desinformación, sin importar de donde venga. Necesitamos personas serias para gobernar, no improvisadores ni vulgares, que hasta en sus blogs personales utilizan vocabulario soez para referirse a ciertos temas.

Hay que unir a la familia costarricense, no dividirla y menos fomentar la confrontación social. Hay que dejar la miopía mental al pensar que el defender la institucionalidad es defender al PAC, porque defender la institucionalidad es en realidad defender el sistema democrático y a Costa Rica.

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