Nobleza obliga, señor Presidente, nobleza obliga

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Nobleza obliga, señor Presidente, nobleza obliga
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Hoy me embarga la indignación más profunda por las declaraciones que días atrás, el señor Presidente de la República, don Luis Guillermo Solís Rivera, hizo en referencia al escándalo del cemento chino, que está empañando su administración.
Ni siquiera el más autoritario de los presidentes que han sido elegidos por este pueblo, desde la Revolución del 48, ha sido capaz de abiertamente amenazar a ciudadanos costarricenses que investigan, reclaman y buscan explicaciones a lo que está pasando en el país para informar a sus compatriotas. Es inconcebible que el Presidente de la República, que se debe a su pueblo, haya sido tan insensato como para decir lo que dijo:
“Ya los tengo identificados. Sé quiénes son. Tengo amigos en partidos políticos que me cuentan lo que están haciendo, lo que buscan y quién los están financiando.»
Esa es una expresión totalmente inapropiada para el presidente de nuestra Costa Rica. Es una expresión que me trajo a la mente declaraciones madurianas y, por supuesto, trumpianas. Una expresión que demuestra el extremo de mediocridad y prepotencia al que ha llegado esta administración.
Me pregunto con más curiosidad que ansiedad: ¿Y qué va a hacer, Señor Presidente? Ya los tiene, según usted, identificados. ¿Qué va a hacer al respecto? ¿Callarlos? ¿Denunciarlos? ¿Encarcelarlos? ¿Demandarlos por difamación en una corte de justicia? ¿Exhibirlos como enemigos y traidores a la Patria? Creo que todo el país reclama que nos diga, con nombres y apellidos, quiénes son, a que intereses espurios responden y lo que va a hacer con aquellos que, según usted, se han confabulado para criticar y desprestigiar al «mejor» gobierno de nuestra historia. Al gobierno de la transparencia. Al gobierno impoluto. A Su gobierno…
Hoy me duele intensamente escribir este artículo porque creo en mi Patria, en su gente y en su institucionalidad. Porque estaba seguro, hasta hoy, que un Presidente costarricense jamás se atrevería a cruzar esa línea que solo ególatras, tiranos y dictadores cruzan: Intimidar a su pueblo; amenazar a sus opositores; a aquellos que piensan diferente y disienten; a aquellos que tienen la osadía y la valentía de criticarlo y a aquellos que exigen explicaciones de sus actos y de los actos de los funcionarios de lo acompañan en su administración.
Usted señor Presidente, y contrario a lo que erróneamente dijo, NO es un costarricense común. Usted es el PRESIDENTE DE COSTA RICA. Usted es aquel a quien, en libertad, se le asignó la dignidad política más alta que se puede conferir a un ciudadano en nuestro país. Usted es el representante y guardián de una democracia sólida y extremadamente respetada en el mundo. Y es por estas razones que usted NO tiene el derecho de mostrarse prepotente, amenazante y autoritario con nuestro pueblo. Usted está en la obligación de respetar nuestra democracia, los derechos que nuestra Constitución Política nos da como ciudadanos y, sobre todo, de respetar el sagrado derecho de opinión, de libertad de expresión y de consciencia que tenemos los costarricenses.
Al escuchar su discurso, vi nubarrones muy oscuros en el futuro de mi país. Y es por ello que me llené de la indignación más profunda que jamás había sentido en mi vida. Hoy, señor presidente, usted me hizo sentir que usted y su administración están empujando a Costa Rica hacia una de las encrucijadas más peligrosa de su historia.

 

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