Votar en un derecho y un deber

Votar es un derecho, pero también es un deber ciudadano, ineludible y necesario, para fortalecer la democracia.   Nadie está exento de acudir a las urnas para emitir su voto pues el país demanda de sus hijos una ciudadanía responsable y comprometida.

La democracia, para mantener su vigencia, necesita de la participación activa de los ciudadanos, que entre otras responsabilidades, escogen en elecciones libres a sus representantes, el abstencionismo, por tanto, socava sus cimientos.

La construcción de la democracia es un proceso permanente, continuo. La indiferencia o apatía de los ciudadanos no contribuyen a su fortalecimiento, como tampoco ayudan a solucionar los problemas que enfrentamos y ciertamente no son la mejor manera de mostrar nuestro descontento.

Toma décadas construir una democracia, sacrificios y vidas para consolidarla y sin embargo, puede caer fácilmente en manos de la minoría cuando la mayoría no actúa, no asume su responsabilidad, no se involucra, no se informa y deja en manos de unos pocos la elección de sus representantes.

Vivimos un momento difícil, la polarización no solo nos ha dividido políticamente sino que ha generado un estado de exaltación en el que hemos hecho a un lado nuestra reconocida vocación de paz para caer en la violencia física y verbal, en el insulto fácil, la burla descarnada y la descalificación irresponsable.

Hacer un alto para asumir con seriedad el proceso que tenemos por delante es un deber ciudadano; debemos comenzar actuar con tolerancia y respeto para todo aquel que piense diferente  No se puede exigir respeto en tanto no se brinde respeto. Hoy más que nunca las circunstancias nos obligan a repensar hacia dónde va nuestra democracia y la necesidad que tenemos de permanecer unidos ante los graves retos económicos y sociales que enfrentamos.

El próximo primero de abril debemos salir a votar, sin importar cual haya sido anteriormente nuestra preferencia electoral y debemos hacerlo para darle un claro mensaje a quien resulte electo: los costarricenses queremos un gobierno de unidad. Un gobierno que, en manos de una nueva generación de líderes, esté dispuesta a dejar atrás la negatividad, la suspicacia, la descalificación del adversario y el insulto.  Un gobierno capaz de crear consenso alrededor de los grandes temas de interés nacional; un gobierno que traiga lo mejor del pasado y lo proyecte al futuro con nuevos bríos; un gobierno que nos represente a todos y tenga como único norte el bienestar de nuestro pueblo, su progreso y su desarrollo.  Un gobierno electo por un pueblo orgulloso que con su voto fortalece a la democracia más sólida y antigua de Latino América.

Salgamos a votar pensando en Costa Rica y en el futuro de nuestra nación.

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