Vivamos con paz y alegría

Cuando dejamos de lado la autosuficiencia, la vida deja de ser un sinsentido, una pesada carga, una vana ilusión. Vivir debe ser, hoy y mañana, una siembra de paz y alegría, que tanta falta hace en los hogares y en la sociedad. Vivir así, es como cuando la luz borra las tinieblas: cambiemos el pesimismo por el optimismo, así se fortalece la alegría de vivir y alejamos la tristeza, la soledad interior y el negativismo.

De nada sirve llenarse de agobios y violencias. De nada sirve cultivar complejos, envidias y rencores. Después se convierten en odios y separaciones. Seamos personas de paz, comprensivas y abiertas, lejos de reclamos y discusiones. No tengamos miedo de vivir, que para eso nacimos. Incorporemos a nuestras relaciones humanas entrega y cooperación, respeto y dignidad. Cuando gobiernan el espíritu de servicio y la tolerancia, desaparece el mal humor.

Hemos sido creados para ser felices y para que los demás lo sean. Ellos serán siempre nuestros hermanos, en las buenas y en las malas. No los dejemos solos ni abandonados o sin nuestro cariño, sobre todo si se trata de personas del hogar. Además, recordemos que vivimos en un mundo sediento de amor y de paz. Lamentablemente, nuestra existencia se ha convertido  en un ambiente de indiferencia y de desesperanza. Aprendamos a enriquecer el sentido de la vida y a ser mejores. Ya vendrán nuevas esperanzas.

No estamos solos, por todas partes nos rodea la verdad de las cosas, que no se hicieron solas. Aprendamos a corresponder y a gozar de una democracia dispuesta a crecer con nuestro aporte, no tengamos prisa de vivir ni de ser mejores y de llevar alegría y paz a una sociedad con miras a la obtención de un país anclado más allá del consumismo y de una libertad sin límites.

Recordemos que el pueblo anhela una sociedad arraigada en la solidaridad, la justicia social, el trabajo y la honradez.

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