Un país que necesita VERGÜENZA…

Hace mucho no escribo nada en estas frecuencias en las que CANARA me ha hecho el honor por años, de publicar mis ideas, desventuras y pensamientos sobre temas diversos y a menudo incómodos.

Escribir nos hace libres y este espacio me ha ayudado por años a limpiar mis desilusiones y a despotricar mis angustias ante las injusticias, que han hecho de este hermoso país, también de algunos ineptos desvergonzados.

Una máxima editorial dictada por don Rigoberto Urbina, siempre ha sido que tratemos de no cuestionar los fallos judiciales y en honor a la verdad, es una directriz sabia, pues no tengo yo, la formación profesional para juzgar fallos judiciales y por eso, estas palabras no cuestionarán un fallo judicial.

Quiero hacer una crítica pública a esa actitud arrogante de los seres humanos, que queremos privilegios y recibir beneficios de luchas que creemos merecer.  Queremos que se nos resarzan merecimientos que tal vez, nos creamos en nuestra misma arrogancia de hijos de papi, que nacidos en cuna de oro, aprendimos que somos una clase superior o que nuestros apellidos nos brindan una inmunidad especial. Nos soñamos que el resto de los ciudadanos nos deben rendir pleitesía.

Los tiempos que vivimos son complejos.  Vivimos tiempos de un egoísmo absoluto, en el que todos queremos estar bien, pero eso sí, que la factura de nuestro bienestar la pague cualquiera menos yo.

La ambición del dinero fácil hace que las personas perdamos la perspectiva de lo importante, de lo que es moralmente inaceptable, aunque sea legalmente permitido.

Hubo una ministra de la que nunca se dijo nada en 4 años. Un ejercicio de la función pública sin pena ni gloria como su misma carrera deportiva. Una deportista segundona, que hizo de su efímero paso por la función pública, algo igualmente segundón, que cierra una gestión de gobierno con un escándalo más, al amparo de una cuestionada legalidad.

Creo que en el infierno nos encontraremos varios. Allí al igual que yo, que no sé nadar, nadaré junto a algunos entre las llamas de la desesperación por mis pecados. Por dicha los míos no han sido por robar legalmente el dinero a un país, que necesita con urgencia recursos, pero ante todo necesita vergüenza.

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