Tengamos cero tolerancia al bullying

Asistir a un centro educativo se ha vuelto una pesadilla para muchos niños y jóvenes. Las ganas de aprender y socializar se ven aplacadas por esas ansías de huir y encontrar un lugar donde puedan sentirse respetados y amados.

Este 2 de mayo se conmemoró el Día Mundial de la Lucha Contra el Bullying y debemos entender que no se trata de una fecha más. Es una nueva oportunidad para alzar la voz y exigir que se detenga una práctica reprochable, que socava la paz y la ilusión de nuestra niñez.

Golpes, ofensas, burlas y muchas otras formas de violencia se han apoderado de nuestras escuelas y colegios. Ante esta triste realidad, nuestro papel como adultos protectores es denunciar, pero más aún, nos urge empezar a prevenir.

Es necesario romper los círculos de violencia que tanto daño le hacen a nuestra sociedad, y de los cuales, todos somos responsables.

Nuestro deber está en no enseñar a nuestros hijos a defenderse por medio del poder y la violencia, no debemos legitimar prácticas agresivas ni pensar que esto siempre ha existido y que, por ello, es totalmente aceptable.

Estoy convencida de que debemos tener cero tolerancia al bullying, y en ese sentido, hago un llamado vehemente a todos los sectores de nuestra sociedad. Muy en especial a las autoridades educativas y a los padres de familia, pues la atención constante hace la diferencia, y puede evitar que las consecuencias sean aún más graves.

De esta manera, insto a toda la comunidad educativa a que aplique, de manera eficiente, los protocolos de atención ya establecidos para los casos de bullying en las escuelas y colegios.

Las acciones para enfrentar esta problemática no pueden quedarse sólo en el papel, pues recordemos que el bullying se alimenta del silencio de quien lo padece, y de quien lo ve y no lo denuncia.

La indiferencia es también una forma de violencia contra nuestra niñez y es necesario que los padres de familia presten mayor atención al tema y les permitan a sus hijos expresar sus sentimientos libremente.

Luchemos porque no haya más rostros agredidos, miradas tristes y temerosas, o niños y jóvenes sin sueños ni ilusiones. Les insto a no sólo revisar sus mochilas y cuadernos cuando llegan de la escuela, revisemos también sus sentimientos y emociones. Prestémosles mayor atención, denunciemos y no toleremos el bullying.

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