Señor presidente, ¡llegó la hora!

Don Carlos, la suerte está echada…, la voluntad popular decidió que usted tuviera la insigne y compleja misión de divisar, promover y perpetrar las grandes trasformaciones políticas, económicas, culturales y sociales que la Costa Rica actual demanda.

Si usted don Carlos se ha comprometido a hacer de su Gobierno un sembradío de transparencia, firmeza y seguridad; a labrar la tierra nacional de la mano de las mejores personas; a generar acuerdos entre los diversos grupos políticos y a garantizar el diálogo y el consenso como el abono para alcanzar una administración fértil, hoy es, pues, tiempo para que ese compromiso se renueve y se fortalezca con el fin de que se lleve a la práctica, con efectividad, a partir del próximo 8 de mayo.

Como usted muy bien lo sabe, en nuestro país existen, entre muchos otros casos, miles de costarricenses desempleados que claman por fuentes de trabajo dignas, productores nacionales quienes demandan más apoyo, personas indignadas ante la inseguridad social reinante y que reclaman solución. Todos ellos, sin excepción, esperan, con fe, que usted les cumpla y siembre semillas de mejoría en esta noble tierra.

De igual forma usted sabe que la sociedad actual ya no está en condiciones para sustentarse solamente en promesas y buenas intenciones. Costa Rica está sedienta de acciones de gobernabilidad positivas, cambios en pro de la excelencia democrática y una inminente voluntad de diálogo político.

Por eso, llegó la hora, don Carlos, de hacer efectivos esos compromisos asumidos por usted de lucha inteligente y firme de luchar contra la impunidad, de abrir mayores oportunidades de empleo, procurar un crecimiento económico y reducir la pobreza.

En diversas ocasiones usted ha mencionado que creía en una política que enfrenta la realidad con mirada lúcida y sin engaño, que imagina el futuro con el corazón henchido de esperanza y el músculo presto para el duro trabajo y que habría de convertir en logro de un pueblo lo que empezó como sueño de nuestra nación.

Por eso hoy, don Carlos, cuando Costa Rica ha puesto el futuro nacional en sus manos, está en usted, como presidente electo, y con el respaldo de su equipo de trabajo, hacer efectivas esas afirmaciones para lograr responder, vitalmente, a las demandas del pueblo costarricense.

Dios ilumine su entendimiento señor presidente y guíe sus acciones en esta colosal tarea de dirigir nuestro país, para que, con voluntad de trabajo, liderazgo, capacidad de escucha, autonomía y coraje, pero con extrema esperanza, sensibilidad y humildad, usted continúe escuchando el clamor del pueblo costarricense y reconquiste, para todas y todos, esa Costa Rica honesta, justa, segura y próspera que, con tanta firmeza, usted nos ha prometido.

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