Planificar con excelencia, ejecutar con eficiencia…

En los días recientes, hemos conocido cosas que, aunque nuevas en el contexto informativo, han constituido malas prácticas por décadas en este país. Las deficiencias en la ejecución presupuestaria de instituciones públicas, que se sientan a esperar que el tiempo pase sin revolver los problemas que están harto diagnosticados, nos tienen sumidos en esta perenne ineficiencia pública y en este infinito subdesarrollo.

Sin ninguna duda los ministros de hacienda y educación han copado la agenda informativa en estos primeros 100 días de Gobierno, cuyo éxito o fracaso es verdaderamente irresponsable juzgarlo en un lapso tan corto.

La primera. Mujer clara, incansable, conocedora de la cosa pública, con amplia y exitosa experiencia en gestión gerencial en entidades públicas y privadas, resuelta a corregir uno de los problemas más severos que tenemos en lo económico.  El segundo. Controversial, irreverente y despreocupado de las majaderías de los necios de siempre, claro en sus posiciones, aunque éstas resulten incomprensibles para la masa, con un lenguaje tan simple que esa masa no es capaz de entender y con una clara visión gerencial del manejo del ministerio con el mayor presupuesto.

La noticia de usar los recursos planificados pero no ejecutados por parte de un ministerio, además del berreo majadero de unos, ha permitido dar respuesta a obligaciones que tienen que atenderse porque el que es buen pagador paga aunque se quede sin comer.  Esta práctica, repito, ha sido en el pasado ocultada a la opinión pública y aunque eso no la convierte en una buena práctica, debe servir de calla bocas a la manada de populistas circenses que hoy se rasgan las vestiduras para robarse el show farandulero.

La noticia de cerrar la llave de los recursos a una oficina del Ministerio de Educación incapaz de ejecutar con eficiencia lo que planificó, me parece una acción no solo plausible, sino que ha de servir de precedente para que se llame a cuentas a todo funcionario público que realice el proceso presupuestario, sin la responsabilidad que esta acción implica.

Hay en este país, una serie de entidades que han demostrado cuan ineptas son en el manejo de la enorme cantidad de recursos que año con año se les dan.  A una de ellas, le acaban de rechazar un ajuste en sus tarifas por la pésima ejecución presupuestaria con que ha operado en este año y otras, debería dejar de existir por lo mal que gestionan sus recursos.

Esto de exigir eficiencia, ha de servir de base para el ansiado cambio que nos ha ido ofrecido por décadas, pero no se ha concretado.  Dice el refrán popular que “en arcas llenas hasta el justo peca”, pues ha llegado la hora de llamar a confesión a los pecadores y poner las penitencias que la Ley General de Administración Pública y la Ley de Administración Financiera y Presupuestos Públicos tienen claramente establecidas.

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