¿Patadas? ¡No gracias!

“El fútbol es la más importante de lo menos importante”, la expresión es de un ícono del fútbol argentino y mundial, Jorge Valdano, un verdadero depredador del área que no se quedó solo en las patadas, por el contrario, se dedicó desde joven a cultivar su mente, sabedor que el deporte de alto rendimiento es  efímero y a no pocos consume en la miseria, el hambre y el abandono.

En esa vitrina variopinta como lo es el campeonato mundial que tiene su sede en Rusia hay figuras interesantes, personas que trascienden el rectángulo de juego para ir más allá con su mensaje de tolerancia, paz y convierten ese acontecimiento masiv en un aula abierta para demostrar que podemos vivir mejor, en un clima de hermandad, por encima de nacionalidades, etnias y las corruptelas que se esconden en un negocio no siempre transparente, ese que tiene sentados ante la justicia de Estados Unidos a algunos dirigentes, entre ellos el costarricense Eduardo Li, hasta hace poco venerada figura en un mundillo a veces mal oliente.

El egipcio Mohamed Salah, musulmán, jugador estrella del Liverpool de Inglaterra, con sus 44 anotaciones en la temporada, superó con creces a goleadores de la talla de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar y su fichaje se anuncia entre los más costosos para el mercado que mueve cifras astronómicas, inimaginables, a tal extremo que con ese dinero países enteros superarían la línea de la pobreza que los carcome.

Salah es un ídolo en su país, con sus actitudes un maestro a seguir, él solo se ha encargado de desmentir que ser musulmán sea sinónimo de terrorismo y muerte, por el contrario, evidencia que el Corán, su libro sagrado como lo es para los católicos y protestantes la Biblia, encierra un mensaje de armonía, comprensión, perdón y entendimiento entre quienes poblamos esta diminuta isla cósmica llamada tierra.

El jugador egipcio quien con su postrero gol de penal llevó a su país al máximo escenario del balompié, fue premiado con una suntuosa mansión, la que no recibió, por el contrario, la dispuso como donación para causas sociales a favor de los más deprimidos en su nación de contrastes.

En estos días cuando el origen, vida y quehaceres de los protagonistas se convierte en noticia, nos enteramos que Salah vive austeramente con su esposa e hija, la mayoría de sus ingresos los destina a obras de beneficencia y su corazón está desprovisto de rencor, nadie lo ha escuchado vociferar contra la dura entrada del jugador Sergio Ramos del Real Madrid, que estuvo a punto de alejarlo de la cita mundialista.

El fútbol es más que patadas. ¡Gracias Salah por recordárnoslo!

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