Obras son amores y buenas razones

Quien realmente ama la política se quita las vendas ideológicas y partidarias de los ojos y se pone frente al futuro y piensa en lo que Costa Rica como país necesita, no necesitamos héroes verde y blanco, ni héroes “mariachis”, ni mucho menos, héroes con acción ciudadana. Necesitamos visión, carácter y hacer las cosas de manera muy transparente. 

Hoy todos viven en la camada ideológica por un puesto y el que me diga que no, miente. ¿A qué voy con esto? El anteproyecto de la campaña política que nos han ofrecido el país, no es otro que el CEMENTAZO, ha sido el plan maestro como llamamos en Ingeniería.  Un plan que desprestigia a muchos inocentes y donde muchos camaleones se esconden, para buscar el poder en las elecciones de 2018.

Y lo peor, los ciegos creen a puntillas en las declaraciones casi religiosas pero falsas de muchos “líderes”; porque “Dios guarde, la bandera con los colores políticos se derrumbe” pero pareciera no importar, que Costa Rica como Nación si se vaya al carajo.

Gracias a ustedes quienes han montado todo un show alrededor del Cementazo y a la poca valentía de muchos de los candidatos a la Presidencia, por no demoler “equipos de trabajo”, que los están llevando por una línea errónea, nuestro país se está hundiendo una vez más, somos prisioneros de la corrupción.

A gracias a esa campaña indiscrimida y casi carnavalezca alrededor del caso del Cementazo, la atención se ha desviada de lo que realmente es lo importante y  relevante: La existencia de una mafia política, que ha infiltrado, según parece, a las fuerzas políticas del país pero también a los mismos poderes de la República.

Esa mafia política, a través de un evidente tráfico de influencias, amparentemente, ha logrado que se den los créditos, sin las debidas garantías reales, para la compra del cemento chino y una planta hidroeléctrica.  Esto hace que la recuperación de los dineros girados para esos proyectos, estén en la cola de un venado. Este dinero en realidad no es de los bancos estatales involucrados, sino que pertenecen a los ahorrantes de esas instituciones financieras estatales. Dineros que se deben usar para generar apoyos a la Producción Nacional y no para favorecer negocios de dudosa rentabilidad.

Concluyo diciendo que lo más grave de todo esto, es que una vez más, por las acciones de unos cuantos funcionarios de la banca nacionalizada y de los distintos poderes, la credibilidad de la ciudadanía en nuestras instituciones y hasta en el mismo sistema democrático, sufre un peligrosísimo revés. Esto debe ser detenido ya.

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