La foto de un agujero negro: el antes y después de la ciencia.

La prueba y error ha sido uno de los principios fundamentales del método científico, que nos permitió pasar de vivir colgados en los árboles a viajar a la luna. El pasado diez de abril, ocurrió un hito en la historia de la humanidad, por primera vez fotografiamos un agujero negro. Para que usted tenga una idea, estimado radioescucha, la intensidad de ese agujero es 6.500 millones de veces más que el sol y la galaxia en la cual se encuentra está a una distancia de 55 millones de años luz.

La inmensidad del espacio nos asombra y nos permite ver que somos un diminuto punto azul en el medio de un vasto océano, tal y como en algún momento lo expresara el científico Carl Sagan. Para tener una noción sobre qué implican los años luz, la estrella Ursae Majoris, que forma parte de la constelación de la Osa Mayor, se encuentra a treinta años luz. Estamos en el 2019, eso quiere decir que, cuando usted salga por la noche y observe esa constelación, la luz de esa estrella que vea, será de los tiempos de cuando Costa Rica no había jugado todavía en Italia 90.

¡Imagínese usted lo que es observar un agujero de negro de hace 55 millones de años! La luz que nos llega de una galaxia tan distante es de la época conocida como el Eoceno, de la era Cenozoica, donde todavía Australia y Antártida no se habían separado. ¿Asombroso verdad?

Al final de cuentas, la Teoría de la Relatividad de Einstein vuelve a ser probada pues predijo la formación de agujeros negros. El universo es matemática y la matemática es el lenguaje universal, tanto para las ecuaciones cuadráticas de los movimientos de la pata trasera de un saltamontes como para la formación de agujeros negros.

La paradoja de fotografiar un agujero negro fue capturada en las palabras del científico y director del proyecto mediante el cual se logró fotografiar este agujero, el Doctor Shepherd Doeleman: “Tenemos en mente una meta de ver algo que lucha con todas sus fuerzas, para no ser visto y empujamos la tecnología tanto como pudimos.”

De todo esto hay una enseñanza, así como, algo que no quiere ser visto, paradójicamente, es perseguido por las personas para verlo, así la naturaleza confirma un refrán que dice: “Quien persigue el honor, el honor le huye, pero quien huye del honor, el honor le persigue.”  

Quizás mucho del comportamiento adecuado podríamos aprenderlo, si tan solo nos sentáramos a observar el universo y aceptar que solo aprenderemos mediante prueba y error, pues ahí radica la belleza de ser seres humanos: en nuestra ignorancia aprendemos y de allí crecemos.

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