La alegría de servir

El país pide más solidaridad social y la unión de las fuerzas políticas existentes. Queremos – porque la amamos- una patria sólida y todo aquello que fomente el desarrollo y el bienestar de pobres y ricos.

En esta época de ideologías confusas, fortalezcamos la unidad nacional, una crítica constructiva y la libertad personal responsable. Asimismo, los tiempos actuales piden combatir el menosprecio de la vida mas las frecuentes huelgas, que sólo dejan millones en pérdidas, bloqueos de carreteras y manipulación de estudiantes para mandarlos a cerrar colegios.

El país nunca había sufrido ese atropello al gran valor de la educación. Ojalá el ministerio respectivo emplee mano dura y frene esa punitiva desviación. Retomemos el sentido común y la alegría de servir. Por servir no cabe citar concesiones ni esperar compensaciones, en un país tan dispuesto a conceder cuanto le pidan. Fuimos creados para servir, no para exigir prebendas.

Sí somos dueños de vivir y de conquistar el bien o de fabricarlo con nuestras propias fuerzas, pero no de creernos autosuficientes e independientes y amigos de la prepotencia. Más nunca perdamos el espíritu de servicio de trabajar con honradez. Tampoco desperdiciemos el camino del bien abierto por nuestros antepasados. Este legado material no es para olvidarlo, ni dejemos para mañana lo que puede hacerse hoy.

Servir produce alegría. Actuemos. No seamos pasivos e indiferentes. No hemos sido creados para la autosuficiencia y la nada; hemos sido creados para gozar de un destino superior.

Esperemos que nuestra democracia se fortalezca con la educación dual, así como con el clima de responsabilidad personal y la preparación de las diferentes  instituciones educativas del país.

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