¿Cuál es la razón de ser del Estado y a quién le pertenece?

Si el Estado, en su concepción más elemental, es «propiedad» de todos los ciudadanos que lo conforman, entonces -si lo vemos como una empresa- todos los ciudadanos somos sus accionistas y el gobierno es su junta directiva. Y en la junta directiva, aquel elegido por los accionistas como su presidente es, en consecuencia, el responsable directo ante ellos por su buena marcha y además debe velar por los mejores intereses de todos los accionistas.

Este próximo primer domingo de febrero del 2018, habrá asamblea general de accionistas para elegir nueva junta directiva de la «empresa» llamada Costa Rica y, por supuesto, se elegirá un nuevo presidente que habrá de «capitanearla» por los siguientes 4 años. Varios grupos de accionistas se han organizado para aspirar a ganar esas elecciones y, por lo que se ha podido concluir, se da como un hecho que los candidatos propuestos por el grupo electo en la pasada asamblea general de accionistas del 2014, difícilmente serán elegidos. Esto debido a que el trabajo realizado por este grupo y su presidente es percibido, por muchos accionistas, como absolutamente deficiente y, en terminos generales, existe la seguridad de que la empresa, bajo su administración, practicamente ha caído en bancarrota.

Como accionista poseedor de solo «una» acción corporativa, iré a esa Asamblea General a votar para elegir la nueva junta directiva y a su presidente. Estoy conciente de que la «empresa» viene arrastrando diferentes y graves problemas, desde ya hace años.

Comprendo y me duele saber que la «empresa» esté endeudada hasta la coronilla, que los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, muchos de ellos desproporcionados, que hay grupúsculos socavándola bajo el peso de sus intereses y prebendas abusivas, que la «ética administrativa» está seriamente erosionada en la mayoría de sus departamentos y que la «empresa», en general, se ha desvalorizado de forma realmente alarmante. Así que, ante este panorama, la decisión mayoritaria que se tome proximamente será determinante para su futuro y el de nosotros sus «accionistas».

Va a estar muy difícil la elección porque, después de haber hablado con otros socios y con amigos que les gusta estas cosas de encuestas y estadísticas, hay un pleito muy cerrado entre dos o tres favoritos que puntean la carrera pero, a la vez, porque se estima que hay un alto porcentaje de desilusión y este está induciendo a un peligroso abstencionismo.

A pesar de ello creo que, por el contrario, que esa actitud tenderá a cambiar a medida que la fecha de la Asamblea General se acerque y se haga inminente. Es importantísimo entender que con desilusión y abstencionismo no se salva ninguna «empresa».

En lo personal, no tengo todavía una posición definida por cual grupo habré de votar, aunque sí tengo meridianamente claro por quien no lo haré: no votaré ni por los radicales anti-sistema, ni por los proponentes de hacer con los magros recursos que «casi ni tenemos» una enorme «fiesta de beneficiencia» ni, tampoco, por aquellos obsesivos y autoritarios que proponen hacer en la empresa un «lustrion» o limpia desde una trinchera represiva.

Precisamente porque amo profundamente esta «empresa», trataré de tomar mi decisión final de forma absolutamente responsable y objetiva. Aún tengo tiempo para continuar mi análisis -no mucho, ciertamente- y así tomar una decisión que ya más o menos ya he delineado.

La verdad es que le debo todo a esta «empresa», así que le daré lo mejor de mí en esta futura Asamblea General, que se habrá de realizar este próximo primer domingo de febrero 2018 y confio en que usted estimado codueño también haga lo propio, para que juntos le cambiemos el rumbo para bien a esta Costa Rica nuestra.

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