Chavistas y castristas por la cocina

Dicen que el inteligente aprende de sus errores, pero el sabio aprende de los errores de los demás. La pregunta sería: ¿Quién no aprende ni de sus errores, ni de los ajenos, ¿Cómo se podría llamar? Esta respuesta es para que, cada uno de ustedes, estimados radioescuchas, la contesten con base en lo que ocurrió desde el momento en el cual los diputados aprobaron una ley marco con Cuba en la Administración Chinchilla Miranda y de eso se vale la Administración Alvarado Quesada para firmar “memorandos de entendimiento” que le permitirían a los chavistas y castristas entrar por la cocina.  

¿Qué clase de “amigos” queremos para Costa Rica? Una partida de ajedrez no comienza moviendo al rey de lugar, sino moviendo a un peón, poco a poco, con paciencia. Esa pareciera ser la forma de operar de los castristas y los chavistas en América Latina. No comienzan con tanquetas atropellando a personas en una manifestación, eso vendrá después, sino con pequeños acuerdos, cooperación económica y, por supuesto intercambios “educativos” y de médicos, como “amigos”.

Así fue como la Unión Soviética logró entrar por la cocina y meter el socialismo en Afganistán. Así fue como, el régimen de Fidel Castro entró por el patio trasero y se alió con el chavismo en Venezuela. 

Si, en Venezuela, las fuerzas armadas no se han alzado contra Maduro, es porque la inteligencia del régimen cubano, muy probablemente, ha amenazado a los altos mandos del ejército y a sus familias. Los colectivos que hay en Venezuela, son pandillas de maleantes de barrio, con armas militares que aterrorizan a la población, fueron entrenados por el régimen cubano.

Todavía en el caso de Venezuela puede decirse que no sabían cómo el castrismo destruiría al país, pero, ¿Y Costa Rica? Entre imposiciones de ideologías donde al blanco se le dice negro, al negro se le dice blanco y quienes se oponen son misóginos, machistas, fundamentalistas o “ramashekos”; ahora el matonismo del gobierno pretende meternos al castrismo por la cocina, cuando es claro que lo último que necesitamos en este país, es tener a infiltrados e indeseables extranjeros y, con mucha más razón, a regímenes indeseables que por imponer su particular ideología han destruido a países completos.

Costa Rica no merece al chavismo, ni al castrismo. Esta partida de ajedrez comenzó hace años con la aprobación y promulgación de la Ley 9285, que estableció un acuerdo de cooperación entre Costa Rica y Cuba. La irresponsabilidad de aquellos diputados no tiene por que dar pie a que este gobierno abra las puertas de par en par al chavismo ni al castrismo.

El castrismo destruyó a Venezuela y no hay razón alguna para pensar que no lo hará en Costa Rica.

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