¿Y ahora qué…?

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¿Y ahora qué…?
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Anonadados, abrumados y absortos son algunos de los términos que explican el cómo nos sentimos los costarricenses sobre la noticia del reciente informe del Estado de la Educación costarricense.

Esta situación se vislumbraba desde años atrás, cuando se hablaba del apagón educativo generado a partir de la crisis del COVID 19.

Lo que sí me desconcierta aún más, es que no veo un enrutamiento capaz de mejorar en el mediano y largo plazo tal situación, lo que me lleva a las siguientes reflexiones como director de un colegio:

1. Pese a lo grave de la situación, debemos avocarnos prioritariamente, a desarrollar un programa de “alfabetización” que atienda las deficiencias del proceso lecto escritor en nuestros estudiantes. El grande debe ayudar al pequeño. Los padres deben sumarse a estas tareas, visitar las escuelas para leerles a los estudiantes y con esto motivarles a la lectura.

2. El Ministerio de Educación Pública, MEP, es una de las carteras más complejas del Estado; no solo por su tamaño, sino por las tareas inherentes al puesto del jerarca de turno, tales como la calidad de la educación, la administración de esta y la solución a problemas de infraestructura.

Creo firmemente que el MEP debe abocarse a lo trascendente: a diagramar una ruta que defina una mejora continua en la calidad de la educación, siendo así un órgano rector eficiente de la educación nacional.

En este sentido, las obras constructivas y presupuestos deberían ser entregadas para su ejecución a los gobiernos locales. Esto permitiría medir la efectividad a partir de los logros en la implementación de un modelo educativo totalmente integrado y enfocado en contribuir al desarrollo socioeconómico del país.

Cabe pensar en la posibilidad de crear un ministerio totalmente especializado en la construcción de obra pública (escuelas, colegios, hospitales, oficinas, etc) y desligar a los ministerios de este tipo de actividades engorrosas. Esto permitiría más claridad en la definición de objetivos en las distintas carteras y generar al mismo tiempo una especialización en la construcción de obra con una mayor regulación.

3. Me pregunto, ¿qué pasa con la educación privada en Costa Rica? ¿Por qué invisibilizar sus avances y logros? ¿Por qué no participarla en la elaboración de un programa marco que pretenda un desarrollo continuo en la calidad de la educación? ¿Por qué ponerle frenos que limitan su desarrollo?, estas inquietudes son ideas para  analizar y pueden ser un punto de partida en la formulación de una ruta crítica que permita a la sociedad costarricense soñar con un porvenir mejor a partir de un sistema educativo fuerte y consolidado.

Una sociedad no puede prospectar desarrollo alguno, si no parte de un robusto sistema educativo nacional.

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