Rotundo NO a más ingratos impuestos

Preocupa la lista de impuestos que el Ejecutivo defiende en su negociación con el Fondo Monetario Internacional: nuevo impuesto a las transacciones bancarias, aumento de las tasas del impuesto sobre la renta, impuesto a la propiedad de bienes inmuebles, impuesto a las cooperativas.

Pero también inquieta sobremanera que la administración Alvarado no entienda que el pueblo no quiere y no puede pagar más tributos. La gente sabe que hay otras maneras para enfrentar la crisis en la que el PAC ha sumido a Costa Rica, y reconoce que el control presupuestario debe ser una prioridad ante un gobierno que gasta como si no hubiera un mañana.

Con este paquetazo, el gobierno no menciona que el alarmante aumento de la deuda y el déficit es producto del crecimiento de los gastos, y por ningún lado ataca la raíz del problema. Su otra gran mentira es que plantea el déficit fiscal solo como un problema de flujo de caja y no propone ningún programa y plan para reactivar la economía y mejorar la distribución del ingreso.

Yo como diputado lo he dicho claro: los cinco aspectos para negociar con el Fondo deberían ser: reducir el presupuesto en 3 puntos del PIB, refinanciar la deuda del 2021 para ahorrar $1.600 millones, hacer eficiente el aparato estatal, diseñar una ley responsable de empleo público donde todos estén mejor y bajar IVA del 13% al 9% para generar más consumo.

El gobierno sigue de oídos sordos. No se puede esperar nada de un equipo económico que no es dirigido por un profesional en economía y que, en consecuencia, no ofrece ningún plan de reactivación. No se puede esperar menos de un gobierno que no huele a pueblo, no entiende al pueblo, no siente al pueblo, no escucha al pueblo y ni siquiera se roza con el pueblo.

Es un hecho que este Ejecutivo no se acuerda de los altos porcentajes de pobreza, desempleo y de cierre de negocios y comercios. Muestra una falta de respeto absoluto para los desempleados, los trabajadores informales y los subempleados, quienes ya son el 70% de los hogares costarricenses.

También desprecia a los asalariados, a los empresarios, a las pymes, y en su escasa visión estratégica les quiere poner más peso sobre sus hombros. Ellos son los que pagan fielmente los impuestos, y el gobierno pretende cargarlos más, con consecuencias nada positivas para la economía.

El tributo a las transacciones bancarias va a subir los costos para producir, aumentar el impuesto sobre la renta frenará el impulso de los emprendedores y con un clima impositivo el consumo caerá aún más. La producción caerá, la pobreza, el desempleo, la informalidad y la desigualdad aumentarán.

Lo que más asusta del Plan A del gobierno es que es solo una fachada, porque detrás viene el Plan B, el que quiere a toda costa y que implica la cubanización de la economía costarricense. La estrategia del miedo será más agresiva, pero no debemos dejarnos amedrentar. La consigna es: No a más impuestos; hay otros caminos para evitar hundir más a nuestra Costa Rica.

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