¿Qué clase de padre y madre somos?

Iniciaré hablando de algo que muchos saben, pero de lo que muy pocos hablan.  El hecho de que cada día, nacen más y más niños  no deseados.  Las razones son variadas, y es común oír que estos niños han nacido por “accidente” y no por un acto de amor o pedido expresamente por los padres.  Por lo tanto, la llegada de este “niño indeseado” al mundo muy pocas veces significa alegría para la familia, más bien, llega como un intruso a quitar privacidad.  

Generalmente, estos hijos  vienen al mundo rodeados de una tremenda soledad, son rechazados y abandonados poco a poco, muy sutilmente.   Los padres van enmascarando este abandono dentro de las actividades propias de su trabajo diario, lo van diluyendo con las tareas que les demandan el estudio y otra variedad de actividades.

Estas situaciones provocan dificultades para comunicarse con sus hijos, obstaculizando el progreso de la unión familiar.

Estos son algunos comportamientos adoptados por los padres que deberíamos revisar y cambiar para que la comunicación afectiva con los hijos se fortalezca.

Padres y madres que no muestran interés por sus hijos.  Es necesario tener claro que desde que el niño está en el vientre materno necesita de la voz del padre como de la madre, de una forma afectiva, cariñosa, que le transmita ternura y seguridad; que le haga sentir que es amado e importante.

Para muchos padres y madres, la presencia de los hijos no significa mucho.  Esta actitud poco a poco va alimentando en los niños resentimientos y frustración, que, en ocasiones se traduce en deseos de venganza y en conductas desadaptadas en la familia y se extiende hasta la sociedad.

Adicción a la televisión y los juegos de video.  Cuando se permite que los hijos sean fieles adictos a la televisión y los juegos, significa que los padres no tienen control sobre ellos.  Generalmente, se dan estas situaciones porque los padres no quieren complicarse en ocupar tiempo para atenderlos de otra forma.

Falta de preocupación por la preparación académica de sus hijos.  Existen padres que no se preocupan en absoluto de sus hijos y ni siquiera se asoman en todo el año a la institución educativa, creen que pagando o cumpliendo con las cuotas es suficiente.  Pero eso sí, reaccionan de forma beligerante cuando al final del curso se dan cuenta del fracaso escolar de ellos.

Padres y madres que no fortalecen los valores.  Muchos padres no se preocupan por desarrollar la dignidad familiar y de la vida, y el valor de la libertad personal.  De esta forma los hijos crecen como “cosas” sin encontrarle sentido a la vida.  No aprenden a valorar lo hermoso y son poseedores de una autoestima baja.  No poseen amor por si mismos ni por los demás.

La forma de comunicación afectiva con nuestros hijos dejará una huella indeleble en la forma de expresar sus sentimientos, el respeto que tengan por la vida y, sobre todo descubrir la verdad y con ello el amor familiar y el amor por sí mismos.

 

Rocío Solís Gamboa

Presidenta Comisión Costarricense

de Cooperación con la UNESCO

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