Pacto social

El sombrío panorama que se teje para Costa Rica sobre distintos indicadores, obliga que ingresemos a la ruta de un nuevo pacto social, sin politiquerías, sin intereses particulares, sin cálculos, sin mezquindades.

Que la pobreza pueda alcanzar un 30%, que el desempleo también pueda duplicarse y llegar al 20%, debe ponernos a pensar seriamente sobre las prioridades que nuestra sociedad está tejiendo en estos momentos.

Debemos entender que, antes de la pandemia, ya estos dos indicadores de pobreza y desempleo avergonzaban a nuestro país. Hablamos de más de 300.000 mil personas sin empleo y más de un millón de personas en pobreza. Siempre, un rostro detrás de esas cifras, siempre una familia que sufre.

La reactivación económica no puede ser usada como discurso político ni solo para beneficiar a un sector. La crisis que enfrentábamos, y que se ha agravado con la pandemia, exige decisiones responsables, prontas y de altura.

¿Dónde quedó la idea de un gobierno de unidad nacional? A todos nos interesa que el gobierno tome las mejores decisiones para el buen transcurrir de la vida democrática. Ante la atomización del Primer Poder de la República, es imprescindible ese acuerdo entre partidos que contribuya al bienestar del país.

Estamos convencidos de que las grandes reformas sociales ejecutadas en nuestro país, que instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social, que la apuesta por una educación gratuita y obligatoria, que el Código de Trabajo y el Código Electoral, fueron, entre otros, esas decisiones que marcaron la ruta de Costa Rica y que la han sostenido hasta nuestros días.

Hoy, cuando la pandemia nos sacude y nos termina de mostrar que algunos indicadores económicos reflejan una nación en desigualdad, es momento para volver a tener la visión de nuestros antepasados.

Claro que el aporte estatal de protección a los más desprotegidos, en este momento, es parte del deber político y, por supuesto, entendemos que esto afecta las finanzas del país. Pero, esto es solo parte de la responsabilidad de nuestra clase política y tampoco debe usarse como botín político ni adelanto de contienda electoral.

La otra cara de la moneda tiene que ver con tomar decisiones que permitan la generación de empleo, soltar amarras burocráticas, no golpear más el bolsillo de los trabajadores ni de los que aportan al sector productivo del país. Que fluyan acuerdos sin acusarse entre sectores. Y que tampoco aparezcan figuras que se sacan de la manga proyectos que suenan más a cortinas de humo, propios de ideologías nefastas, en momentos trascendentales de nuestra historia que demandan otras prioridades.

¿Qué Costa Rica queremos para el Bicentenario? Un verdadero pacto social, en la búsqueda del bien común, es lo que requerimos.

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