¿No nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras acciones?

El primer domingo de febrero de 2018 iremos a las urnas electorales. No conozco aún propuesta alguna de ninguno de los partidos para transformar a Costa Rica en un país mejor. Solo acusaciones, insultos, improperios y difamación he escuchado.

Pocas veces he percibido una población menos atraída por los comicios. Expresiones como… “de todas maneras el que gane no hará nada”… “son todos iguales…” “llegan para robar…” me han impactado de manera severa. Ni son iguales, ni llegan para robar, ni todos pueden ser reducidos al rasero de que sin importar experiencia, propuestas, o trayectoria ninguno hará nada. Hay un verdadero desencanto con nuestro sistema y esto es aprovechado por quienes son desafectos a la democracia, son antisistema o desean reemplazar lo que tenemos por un régimen autoritario populista de derechas o un régimen populista chavista de izquierdas.

“Ninguno hará nada”…es la expresión clarísima de descontento, frustración y desprecio a la dirigencia de los partidos. “todos son iguales”… es la falta de percepción de los costarricenses de las profundas diferencias entre candidatos, entre personas y entre ideas que propugnan cada uno de ellos. “Llegan para robar”…, es la consecuencia de los linchamientos  y asesinatos mediáticos y de la falta ostensible de acción de las autoridades represivas.

¿Qué esperaban los medios periodísticos sino que las personas generalizando llegaran a la conclusión de que todos llegan a robar? Los vacíos dejados por la autoridad son llenados por el populismo y las acusaciones sin sentido, son llenados por las noticias de relumbrón que mezclan inocentes con sospechosos, y a estos desmanes la conclusión popular será por supuesto, que los tribunales que no coincidirán con la Comisión ni con los medios y menos con las redes, son “corruptos”.

Los juicios políticos y los linchamientos de personas en medio de la campaña política con toda seguridad llevarán a los electores a la real imposibilidad de diferenciar el juicio político, los humos electorales y la realidad judicial de los escándalos. El abstencionismo, la desilusión, la apatía, la sed de venganza, la ira contra todo y contra todos, serán algunos de los frutos de lo que hemos estado plantando desde hace años.

A menos que surja de entre los designados candidatos una persona que le dé forma y cuerpo a la unidad de país, a la ausencia de politiquería, a la seriedad y a los planteamientos para construir una sociedad mejor, más justa, más democrática, más moderna y tolerante, la ruta que habremos de seguir es hacia un despeñadero.

Requerimos de un líder ilustrado, con cultura y preparación que comprenda las necesidades de todas las partes, que sea una persona decente que si ha caído se haya vuelto a levantar, que tenga sensibilidad y autoridad, que sepa actuar con rigor y le dé al país una nueva dimensión política rescatando a la institucionalidad.

¡Prevénganse! ¡Cuidado! ¡No saltemos al vacío! ¡El sistema democrático y el estado de derecho están en peligro!

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