Misterio de fe que da vida

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Misterio de fe que da vida
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El entrañable misterio del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo nos llena de regocijo y esperanza, lo celebramos con fe viva y nos anima grandemente aún en medio de difíciles circunstancias que atraviesa nuestro país, por lo que ha ocasionado la pandemia provocada por el COVID-19.

Un mensaje de cercanía y solidaridad para todas aquellas personas que han perdido familiares, amigos cercanos y seres queridos, en general, a causa de este virus o por alguna otra causa en este año. El misterio de la Encarnación que celebramos los creyentes nos da vida, porque es el Señor que se ha hecho presente en la historia, para santificar el tiempo, para traernos la salvación y mostrarnos que nuestro destino no se termina en este mundo, sino que se proyecta a la eternidad.

Respetando otras creencias y a quienes no creen, el nacimiento de Jesús se manifestó en la historia hace más de dos mil años; es un acontecimiento que marca un antes y un después para la humanidad. A partir de aquí, cabe que podamos hacer una reflexión para que, como personas, podamos aspirar a un mundo mejor, a vivir en paz, amor y fraternidad. Este es el mensaje de la Navidad.

Según el Evangelio de San Lucas, en el momento en que el Niño Jesús nace de María -en el humilde pesebre de Belén- dice el texto que: “Un ángel de Dios se apareció a los pastores que velaban, y la gloria de Dios los envolvió con su luz”.

El que es la Vida quiso nacer en medio de la humanidad para exaltarnos, para llenarnos de toda clase de dones, para iluminar nuestra vida. Como dije, meditemos todos, creyentes y no creyentes en este acontecimiento capaz de transformar la historia; nosotros mismos, en este tiempo de Navidad, asumamos también el compromiso de cambiar, de ser mejores, de transformar nuestra realidad.

La Navidad que, lamentablemente en algunas sociedades y algunas corrientes quieren ocultar o disipar, trae sentimientos de solidaridad, alegría y unidad. Esforcémonos entonces en trabajar por lo que la vale la pena, por unir a la familia costarricense, a todos quienes habitan en nuestro país; a trabajar por la unidad, por dejar atrás cualquier signo de desigualdad y discriminación. Busquemos que el bien común y la justicia social vuelvan a estar en el centro de las prioridades de nuestra sociedad.

Tengamos fe en que pronto dejaremos atrás la pandemia, en que saldremos de la crisis; pidamos a Dios que en esta Navidad nazcan los mejores sentimientos en todos y podamos unirnos para salir adelante, permitiendo sobre todo que los más vulnerables puedan encontrar un desarrollo digno e integral. Que la esperanza alcance a toda Costa Rica, gracias a este misterio de fe que nos da una nueva vida.